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lunes, 25 de mayo de 2009

A preliminary statement of the Free Will Defense; Alvin Plantinga


A world containing creatures who are significantly free (and freely to perform more good than vile actions) is more valuable, all else being equal, than a world containing no free creatures at all. Now God can create free creatures, but He can’t cause or determine them to do only what is right. For if He does so, then they aren’t significantly free after all; they do not do what is right freely. To create creatures capable of moral good, therefore, He must create creatures capable of moral evil; and at the same time prevent them from doing so. As it turned out, sadly enough, some of the free creatures God created went wrong in the exercise of their freedom; this is the source of moral evil. The fact that free creatures sometimes go wrong, however, counts neither against God’s omnipotence nor against His goodness; for He could have forestalled the occurrence of moral evil only by removing the possibility of moral good.


The Analytical Theist, an Alvin Plantinga Reader
edited by James F. Sennett
page 27
Eerdmans, 1998

sábado, 9 de mayo de 2009

What is existence?


Someone might think that Christian theology has a fairly straightforward answer to the question "What is existence?": to exist is to be created by God or to be God. Now it is certainly true that everything other than God has been created. But this answer will still not do. Why? Because it is circular. Suppose we want to know what it means to say "X exists," and we answer, "X is created by God." If we now ask what this statement means, we will answer, "For God to give x existence." Thus "X exists" will amount to "X is given existence by God," and we have made no progress. We want to know exactly what God does when he creates something. To answer this, we need a theory of existence.


Philosophical Foundations for a Christian Worldview
J.P. Moreland & William Lane Craig
InterVarsity Press, 2003
Page 189

viernes, 14 de noviembre de 2008

Un poco de humor borgiano en Historia de la eternidad y respecto al destino de los muertos en el cristianismo

Generaciones de hombres idolátricos habían habitado la tierra, sin ocasión de rechazar o abrazar la palabra de Dios; era tan insolente imaginar que pudieran salvarse sin ese medio, como negar que algunos de sus varones, de famosa virtud, serían excluidos de la gloria. (Zwingli, 1523, declaró su esperanza personal de compartir el cielo con Hércules, con Teseo, con Sócrates, con Arístides, con Aristóteles y con Séneca.) Una amplificación del noveno atributo del Señor (que es la omnisciencia) bastó para conjurar la dificultad. Se promulgó que esta importaba el conocimiento de todas las cosas: vale decir, no sólo de las reales, sino de las posibles también. Se rebuscó un lugar en las Escrituras que permitiera ese complemento infinito, y se encontraron dos: uno, aquel del primer Libro de los Reyes en que el Señor le dice a David que los hombres de Keilah van a entregarlo si no se va de la ciudad, y él se va; otro, aquel del Evangelio según Mateo, que impreca a dos ciudades: ¡Ay de ti, Korazín! ¡Ay de ti, Bethsaida! porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho las maravillas que en vosotras se han hecho, ha tiempo que se hubieran arrepentido en saco y en ceniza. Con ese repetido apoyo, los modos potenciales del verbo pudieron ingresar en la eternidad: Hércules convive en el cielo con Ulrich Zwingli porque Dios sabe que hubiera observado el año eclesiástico, la Hidra de Lerna queda relegada a las tinieblas exteriores porque le consta que hubiera rechazado el bautismo.

J. L. Borges
Historia de la eternidad II (fragmento)
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Sí, bueno... poniéndonos más serios... el tema de quiénes estarán en el cielo es uno muy recurrente en la teología. Así, a lo largo de la historia han existido conflictos dentro del cristianismo respecto al destino de los niños que mueren sin el bautismo -este tema es tratado por Borges unas líneas más arriba del fragmento del presente ensayo-, el pecado original y la salvación de las personas que han muerto y que fueron "buenas" pero nunca escucharon el Evangelio, ¿cómo las juzgará Dios?, se preguntan.

Hay algunos que nos quedamos con la pregunta, pero otros más se aventuran a dar respuestas definitivas, aunque especulatorias. Podemos citar el caso del limbo dentro de la teología católica. Algunos católicos reconocen que si bien, esta doctrina forma parte de la tradición, no se encuentra fundamento alguno de ella en la Escritura.

Al respecto, Dios no nos deja en el absoluto silencio. Lejos de toda especulación, la Biblia no se cansa de repetir en múltiples pasajes que el juicio de Dios sobre los muertos será justo (Salmos 19:9, 119:7,137, Juan 5:30 y Apocalipsis 16:7 son sólo un mínimo ejemplo). Bástenos esa contestación y ese consuelo.

Alan

miércoles, 9 de julio de 2008

¿Nacemos o nos volvemos malos?

Esta pregunta se ha formulado muchas veces, incluso en el ambiente teológico. Este cuestionamiento nos puede hacer tocar el tema del pecado original: ¿Nacemos siendo pecadores o nos volvemos pecadores en el transcurso de nuestra vida?

Algunos consideran que la doctrina del pecado original es absurda e injusta: ¿Qué culpa tenemos nosotros de lo que otros hayan cometido en el pasado? ¿por qué tenemos que ser condenado por algo que nosotros mismos no hemos cometido? Si esto es así, entonces el tema de la salvación y Dios mismo serían injustos.

En lo que a mí respecta, me he hecho también esas pregunta y he leído acerca del debate. En el fondo la respuesta a si nacemos o nos hacemos malos no me parece algo tan relevante, pues una cosa me parece cierta:

El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra…

Sea de uno u otro modo y sin importar cuál sea su origen, desde el inicio de la disyuntiva se da por sentado que el mal mora en nosotros. Sin que sea necesario utilizar la noción de pecado o las enseñanzas de una religión determinada creo lo siguiente:

Cualquier ser humano que sea honesto consigo mismo se da cuenta de que posee un determinado sistema y una jerarquía de valores y principios, una ley moral que debe obedecer. Ese mismo ser humano considera que el seguir esa ley moral es algo apropiado, justo, correcto, en resumen: bueno; el no cumplir esa ley es algo malo. Pero también se da cuenta de que no siempre le es posible seguir los principios en los que él mismo cree. Esos principios demandan que siempre sean cumplidos, y ese agobiante SIEMPRE no puede ser del todo satisfecho. Por lo tanto, llegamos a la conclusión de que en algún momento nos encontramos practicando el mal.

viernes, 16 de mayo de 2008

Pensamiento y consecuencia en el caso de Dios...

Dios es el único, dicen los teólogos, que no experimenta ninguna solución de continuidad entre pensamiento y consecuencia. Lo que Él piensa es.

George Steiner
Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento
FCE y Ediciones Siruela
2007
Pág. 50

Respecto a la omnipotencia divina

...bajo la omnipotencia de Dios no cae lo que implica contradicción.

Tomás de Aquino
Summ. Theol. Ia. Q XXV, Art 4

De acuerdo al Aquinate, Dios no puede hacer que algo sea y no sea; que sea verdad y sea mentira, por ejemplo.

jueves, 15 de mayo de 2008

Reflexión teológica respecto al acuerdo categórico con el ser, el kistch y la mierda

Transcribo aquí una porción de La Insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. No tengo el libro a la mano, por lo que tomé el texto del blog Divino Relojero:

La disputa entre quienes afirman que el mundo fue creado por Dios y quienes piensan que surgió por sí mismo se refiere a algo que supera las posibilidades de nuestra razón y nuestra experiencia. Mucho más real es la diferencia que divide a los que dudan acerca del ser que le fue dado al hombre (por quien quiera que fuera y en la forma que fuera) y a los que están incondicionalmente de acuerdo con él.

En el trasfondo de toda fe, religiosa o política, está el primer capítulo del Génesis, del que se desprende que el mundo fue creado correctamente, que el ser es bueno y que, por lo tanto, es correcto multiplicarse. A esta fe la denominamos acuerdo categórico con el ser.

Si hasta hace poco la palabra mierda se reemplazaba en los libros por puntos suspensivos, no era por motivos morales. ¡No pretenderá usted afirmar que la mierda es inmoral! El desacuerdo con la mierda es metafísico. El momento de la defecación es una demostración cotidiana de lo inaceptable de la Creación. Una de dos: o la mierda es aceptable (¡y entonces no cerremos la puerta del water!), o hemos sido creados de un modo inaceptable.

De eso se desprende que el ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama kitsch. Es una palabra alemana que nació en medio del sentimental siglo diecinueve y se extendió después a todos los idiomas. Pero la frecuencia del uso dejó borroso su original sentido metafísico, es decir: el kitsch es la negación absoluta de la mierda; en sentido literal y figurado: el kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable.
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Lo curioso del punto de Kundera es cuando sólo otorga dos alternativas para interpretar la mierda: o es aceptable […] o hemos sido creados de un modo inaceptable.

La interpretación cristiana del Génesis considera un elemento más: la caída del hombre. Así, el acuerdo categórico con el ser está contenido en los primeros capítulos del Génesis, pero también lo está un castigo por haber desobedecido a Dios. Una interpretación que puede ser dada a este castigo es un cambio en la configuración original de la Creación: si Dios le anunció al ser humano dolores, sudor y sufrimiento es porque éstos antes no existían, lo que podría dejar un lugar para el problema de la mierda, o más bien, para la naturaleza con que ésta es considerada, como ocurre con el sexo:



Dios le dio la instrucción al hombre, antes de su caída, de multiplicarse, por lo que la capacidad de reproducción existía antes de la caída y era buena. Cuando el hombre cayó se dio cuenta de su desnudez y la ocultó. Entonces el sexo, algo necesario, fue visto de un modo distinto a como originalmente había sido planeado, no había acuerdo categórico con nuestro ser.


Si queremos reducir esto a algo más simbólico tenemos:

Una capacidad que el ser humano consideraba necesaria se sigue viendo como tal, pero rodeada de una culpabilidad o molestia al efectuarla. Entonces, tenemos que parte de nuestro propio ser nos molesta: para ser nosotros mismos, para existir, nos enfrentamos a ciertos aspectos de nuestro propio ser que no podemos aceptar. Tal vez sea esto lo que lleva a Kundera plantearse las dos alternativas.

Es casi imposible aceptar la primera, pero es dolorosísimo resignarse a la segunda: que fuimos creados (o que simplemente somos) de un modo inaceptable.

Ahora bien, si la explicación del sexo no funciona porque alguien puede decir que los tiempos en que se consideraba prohibido o parte inaceptable nuestro ser están pasando, ¿qué puede decir quien así piense de la mierda? La aceptación de la mierda sería un problema más patente para nuestro ser que el sexo. Kundera hace bien al considerar la mierda como uno de los más grandes problemas teológicos que existen, tal vez incluso más grande que el problema del mal, y hasta aquí podemos llegar…

Retomando la respuesta que provee el cristianismo, el problema y su solución no son tan difíciles de abordar (aunque tal vez sí de asumir): el problema existencial de la no aceptación de partes de nuestra propia naturaleza es producto de la caída que sufrimos, pero en el principio todo nuestro ser era aceptable para nosotros mismos. Este problema no tendrá solución hasta que venga la restauración de todas las cosas. Hasta ese entonces preferiría seguir dejando cerrada la puerta del excusado…

Alan