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martes, 25 de noviembre de 2008

Alta traición; José Emilio Pacheco

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
__es inasible.
Pero (aunque suene mal)
__daría la vidapor diez lugares suyos,
__cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
__fortalezas,
una ciudad deshecha,
__gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
__montañas
-y tres o cuatro ríos.
_________________________________

...cierta gente... lugares donde me despedí de esa gente. Ciertamente la patria es algo abstracto e inasible, al menos para mí, como también podría serlo la palabra humanidad. ¿Qué frialdad se escondería entonces tras la frase amar a la humanidad? Al mundo Dios amó... porque era Dios y tenía la capacidad para hacerlo. Cuando él dice: mundo, tiene la capacidad de pensarlo y tenerlo presente todo y a todos los seres que éste contiene en un modo pleno, absoluto. ¿Yo? Yo sólo puedo imaginar un concepto...

Me suena... me suena...


Este es un fragmento de la historia de El segundo saaluk, contenido en la doceava de Las mil y una noches. No es necesario explicar la historia:

Permanecí en su casa tres días, al cabo de los cuales me preguntó:

—¿No sabes ningún oficio con el que puedas ganar tu sustento?

—Soy jurisconsulto, maestro de ciencias, escritor y matemático.

—Tu oficio es inútil en nuestro país; no hay nadie en estas tierras que sepa alguna ciencia o que escriba; aquí sólo cuenta el dinero.

—¡Por Dios! ¡No sé hacer más que lo que te he enumerado!


Traducción de Juan Vernet

Un haiku de Juan José Domenchina (Pájaro muerto...)


Pájaro muerto,
¡qué agonía de plumas
en el silencio!

Afirmación de que el saber es un deseo natural del hombre


Todos los hombres por naturaleza desean saber.

-Metafísica de Aristóteles 980a21

martes, 18 de noviembre de 2008

La proxemia del amor humano


Dice Wisława Szymborska en su poema

Estoy demasiado cerca

Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
No vuelo sobre él, de él no huyo
entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.
No es mi voz el canto del pez en la red.
Ni de mi dedo rueda el anillo.
Estoy demasiado cerca. La gran casa arde
sin mí gritando socorro. Demasiado cerca
para que taña la campana en mi cabello.
Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped
que abriera las paredes a su paso.
Ya jamás volveré a morir tan levemente,
tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,
como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca. Oigo el silbido
y veo la escama reluciente de esta palabra,
petrificada en abrazo. Él duerme,
en este momento, más al alcance de la cajera de un circo
ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,
que de mí que estoy a su lado.
Ahora, para ella crece en él el valle
de hojas rojas cerrado por una montaña nevada
en el aire azul. Estoy demasiado cerca,
para caer del cielo. Mi grito
sólo podría despertarle. Pobre,
limitada a mi propia figura,
mas he sido abedul, he sido lagarto,
y salía de tiempos y damascos
mudando los colores de mi piel. Y tenía
el don de desaparecer de sus ojos asombrados,
lo cual es la riqueza de las riquezas. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,
Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.
En la punta de cada una de ellas, para su recuento,
se han sentado ángeles caídos.

Traducción de Elźbieta Bortkiewicz

Jorge Luis Borges en un fragmento de su ensayo: Historia de la eternidad, contenida en el libro del mismo nombre, registra...

"[...] aquel terrible pasaje de Lucrecio, sobre la falacia del coito: Como el sediento que en el sueño quiere beber y agota formas de agua que no lo sacian y perece abrasado por la sed en el medio de un río: así Venus engaña a los amantes con simulacros, y la vista de un cuerpo no les da hartura, y nada pueden desprender o guardar, aunque las manos indecisas y mutuas recorran todo el cuerpo. Al fin, cuando en los cuerpos hay presagio de dichas y Venus está a punto de sembrar los campos de la mujer, los amantes se aprietan con ansiedad, diente amoroso contra diente; del todo en vano, ya que no alcanzan a perderse en el otro ni a ser un mismo ser."

Ambos abordan el tema de la compenetración que existe entre los amantes. Szymborska transmite en su poema una cruda verdad: mientras más cerca se encuentre del hombre que ama, más distante se encuentra en el pensamiento de éste, pues no es necesario perseguir lo que se ha alcanzado, lo seguro, lo que ya se posee... qué mejor y más melancólica figura de ello que la contamplación de su amado dormido al lado suyo, segura de una sola cosa: que en el sueño de él, en ese profundo sueño, ella no tiene cabida...

Vayamos ahora a lo que precede al sueño de al menos uno de los amantes. Cuando Borges cita a Lucrecio se nos presenta otra clase de insatisfacción: aún la consumación de la unión carnal deja a quienes se aman con una sensación de haber sido burlados, de hallarse faltos, de no alcanzar la plena unión: tú sigues siendo tú y estás aquí junto a mí, pero de algún modo seguimos distantes, es imposible fundirnos plenamente. A veces pienso que acaso el ansia de representar el alcance de la unión perfecta, o la futilidad del intento, fueron causa de la metáfora y la analogía, materias primas de la literatura.

lunes, 17 de noviembre de 2008

A un lémur (Soneto sin ripios); José Juan Tablada

GO
ZA
BA
YO

A
BO
GO
TÁ

TE
MI
RÉ

Y
ME
FUI

Los sonetos a Orfeo. Primera parte, soneto XIX; R. M. Rilke

Aunque veloz cambia el mundo
cual la forma de las nubes,
todo lo acabado cae
y vuelve al remoto origen.

Sobre el cambio y el proceso,
más dilatado y más libre,
aún dura tu pre-cantar,
dios de la lira.

Ni se distinguen los males,
ni el amor puede aprenderse,
ni se ha desvelado aquello

que nos separa en la muerte.
En la tierra sólo el canto
santifica y conmemora.

Traducción de Jesús Munárriz
poesía Hiperión
__________________________________

Comparte el poema parte de sus significado con algunos versículos del Eclesiastés:

3:20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.

5:18 He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Recordando a Ayante Telamonio


Uno de mis héroes favoritos de la Ilíada es Ayante (o Áyax) Telamonio, pues se distingue por mucho entre los otros:

Ayante es descrito como un coloso, un hombre lleno de fuerza fìsica y valor. Poseía un escudo que, de acuerdo al poema era enorme, como una torre. Frente a los demás héroes y reyes combatientes, como Odiseo (que utilizaba la astucia para triunfar), Néstor (que representaba la sabiduría de la vejez) o Ayante Oileo (famoso por su velocidad), Ayante Telamonio, junto con Aquiles, es un héroe de fuerza, pero hay algo que hace diferente al Telamonio de este último y de los demás: Aquiles era hijo de una diosa y su fortaleza tenía un origen divino...

Vemos en la Ilíada que los dioses tenían sus favoritos: al ser Odiseo un héroe de astucia su protectora era Atenea, diosa de la guerra y la sabiduría, quien siempre lo apoyaba infundiéndole fortaleza, librándolo del peligro o apoyándolo en sus tretas. Atenea también favorecía a Diomedes, aunque a este último más en fuerza que en astucia. Afrodita tomaba partido por Eneas, Tetis por su hijo Aquiles, pero... ¿cuál de los dioses apoyaba al coloso?

Ayante es el héroe olvidado por los dioses. En ningún momento del poema se menciona que hiciera uso directo de la intervención divina para ejecutar alguna de sus proezas, que fueron muchas, entre ellas: participar en el rescate del cuerpo de Patroclo, presentar resistencia a los troyanos cuando los argivos se hallaban en problemas, cubrir con su escudo y librar de la muerte a los héroes argivos que habían sido rodeados por el enemigo, enfentarse directamente y en dos ocasiones a Héctor -paladín y príncipe de los troyanos- cuando todos los demás huían de él, y un largo etcétera...

Más aún: Menelao, Agamenón, Diomedes, Odiseo y otros héroes argivos que fueron ayudados o aconsejados en algún momento por los dioses comparten algo que exalta más al hijo de Telamón: todos, menos él, el héroe sin ayuda, fueron heridos en algún momento en la batalla. Ayante nunca fue tocado.

Con todo, el destino de nuestro héroe es triste, como se registra en una tragedia y en la Odisea: después de la muerte de su primo Aquiles, los argivos decidieron a quién debían pasar las armas de éste como honor por su esfuerzo y desempeño en la guerra. Ayante creyó que era él quien debía poseerlas, pero los demás otorgaron la recompensa a Odiseo. Ayante enloqueció por esto y dio muerte a un rebaño de ovejas al confundirlas con los próceres de los aqueos, para después despertar de su locura y suicidarse al pensar que había cometido homicidios. Cuando Odiseo se encontró con varios muertos en su visita al Hades uno de ellos era la sombra de Ayante, quien preso de un amargo rencor hacia el Laertíada se negó a dirigirle la palabra, para luego hundirse de nuevo y sin más entre las sombras.

Existen diversos pasajes en la Ilíada en los que Ayante es engrandecido por su fortaleza y sus victorias en la lucha, pero en esta ocasión, para recordarlo, no me vienen a la mente los pasajes en que destaca por lo ya dicho, sino este otro del canto XI de la Ilíada en que Ayante emprende la retirada frente a los troyanos, ansiosos de hacer mella en el cuerpo del héroe con sus armas, de devorar su carne con las lanzas. También hay cierta gloria en la huída de Ayante:


[...]
así entonces, después, al gran Ayante,
hijo de Telamón,
los soberbios troyanos
y los aliados de ellos,
en grupos numerosos concentrados,
siguiendo sin tregua, le punzaban
en mitad del escudo con sus picas.
Mas Ayante unas veces, se acordaba
de su fuerza impetuosa y, de nuevo,
volviéndose, las filas retenía
de los teucros, domadores de potros,
otras, empero, a huir se volvía.
Y a todos les impedía avanzar
hacia las raudas naves, y él mismo
en medio de troyanos y de aqueos
aguantando a pie firme se movía
con ímpetu, en tanto que las lanzas
que iban saliendo de intrépidas manos,
las unas impelidas adelante
en el enorme escudo se clavaron,
muchas, en cambio, a medio camino,
antes de alcanzar su blanca piel,
iban quedando hincadas en la tierra,
por más que ansiaban saciarse de carne.

Ilíada XI, ~560-574
Traducción de Antonio López Eire
Cátedra
Duodécima edición


Las mil y una noches, unos versos aparecidos en la Historia del faquín con las jóvenes (noche novena)


Quien compara tu talle con la rama fresca, mala y falaz
___comparación hacía:
la rama más hermosa es aquella que se encuentra revestida por
___las flores; tú, en cambio, eres más hermosa cuanto más
___desnuda.

-Traducción de Juan Vernet

El salario mínimo y la menstruación...

- ¿En que se parece el salario mínimo a la menstruación?
En que llega cada 28 días, dura cinco y si no llega, preocúpese.

Colaboración de Moisés Maldonado a:

Por el asesinato del presidente Carranza (1920); Liborio Crespo

Si vas a Tlaxcalantongo
procura ponerte chango,
Porque allí a Barbastenango
le sacaron el mondongo.

Variaciones sobre el Gattamelata, V (La canción de la hija de Gumba); Hugo Hiriart

V

Última variación. Un pequeño cuento:
LA CANCIÓN DE LA HIJA DE GUMBA

Cuentan que Benvenuto Cellini, después de cortarle la cabeza a algún atontado que cometió la impertinencia de cruzarse en su camino, alzó la testa todavía sangrante hasta la altura de sus ojos y la observó con cuidado; quería inmortalizar su espanto en el Perseo –otros insinúan que la cercenó sólo con este propósito de fidelidad artística; Cellini, todo mundo sabe, era un perfeccionista. La historia del prodigioso escultor Ryunosuke Gumba, llamado el Tamarindo, entraña el mismo desmesurado y cruento amor a las artes.

Se encontraba Gumba absorto en la contemplación de sus enorme estatua ecuestre que sería su obra maestra. Gumba lloró. Sabía que si esta última fundición no progresaba tendría que matarse. El hecho de su muerte carecía de importancia, pero ver su fama derrumbada, anticipar las risas ultrajantes de sus enemigos, era cosa que no podía resistir.

Desde el jardín de arena y piedras, la hermosa Bola, Luz de la luna reverberando en los pétalos de la hoja del durazno, hija del maestro Gumba, veía llorar al anciano. Una piedad insoportable hizo batir como tambor su corazón de doncella. Bola volvióse a casa. Se demoró en su purificación. Acicaló y perfumó su cuerpo intocado, rezó largamente en voz queda, y esperó a la noche. Brillaba la luna mudadiza cuando la muchacha caminó hacia los calderos de metal hirviente.

Obsesionado por la cera perdida de la estatua ecuestre, Gumba tardó en advertir la desaparición de su hija. Cuando libraron el monumento de la prisión del molde y la preciosa aleación relumbró, el Tamarindo supo que su hija ya no estaba con él. Entonces gritando de dolor se abrazó a las patas del caballo. Desde ese momento el prodigioso Gumba entró en la noche desesperada de su locura.

Sus enemigos aseguraron que él mismo arrastró a su hija sollozante hasta los horribles calderos y, para lograr la aleación perfecta que, como se sabe, precisa devorar una doncella, arrojó a la muchacha al metal líquido. Luego, arrepentido de su crimen, se volvió loco. No sabremos la verdad. Pero en las noches de luna, cualquiera puede oír a la estatua ecuestre cantar con dulce voz de doncella una melancólica, adolorida, tristísima canción. El espectáculo es aterrador.

viernes, 14 de noviembre de 2008

La transitoriedad y corrupción de la creación: un robaí de Jayyam pregunta, el Eclesiastés responde...

Robaiyyat, Robaí nº 11 (edición de Sadeq Hedayat); Omar Jayyam

Si es la naturaleza obra del hacedor,
¿por qué permitió en ella excesos y defectos?
Si resultaba hermosa, ¿por qué pues, destruirla?
Si hay rostros poco hermosos, ¿de quién será la culpa?

Versión española de Zara Behnam y Jesús Munárriz
poesía Hiperión
________________________________

Eclesiastés 3:1-15 (Reina-Valera 1960)

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;
tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;
tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;
tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;
tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.
¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?
Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.
Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.
Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;
y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.
He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.
Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.
_________________________________

La respuesta que al menos cristianismo y judaísmo dan a los defectos hallados en un mundo creado por un ser perfecto estriba en la libertad con la que fueron dotados los seres humanos (y según el cristianismo, también los ángeles, idea no compartida por todos los judíos), esta libertad implica el poder decidir obedecer o no a Dios , y uno de los resultados de no hacerlo fue la condición actual del mundo.

Un haiku de Shiki (La nieve se derritió...)

_____La nieve se derritió
en la espalda
_____del Gran Buda

-Shiki Masaoka

Sonnet—To science (A la ciencia. Soneto); Edgar Allan Poe

Science! true daughter of Old Time thou art!
Who alterest all things with thy peering eyes.
Why preyest thou thus upon the poet's heart,
Vulture, whose wings are dull realities?
How should he love thee? or how deem thee wise?
Who wouldst not leave him in his wandering
To seek for treasure in the jewelled skies,
Albeit he soared with an undaunted wing?
Hast thou not dragged Diana from her car?
And driven the Hamadryad from the wood
To seek a shelter in some happier star?
Hast thou not torn the Naiad from her flood,
The Elfin from the green grass, and from me
The summer dream beneath the tamarind tree?
________________

¡Oh Ciencia, hija del viejo Tiempo eres,
que todo alteras con tu mirada escrutadora!
¿Por qué haces presa así en el corazón del poeta,
tú, buitre cuyas alas son sombrías realidades?
¿Cómo iba él a amarte? ¿cómo a juzgarte sabia,
a ti, que no quisiste dejarlo en su vagar
buscar tesoros en los cielos alhajados,
aunque se alzó con intrépidas alas?
¿Acaso no sacaste a Diana de su carro
y expulsaste a las hamadríades del bosque
para buscar cobijo en más dichosa estrella?
¿No arrancaste a la náyade de su corriente,
al elfo de la verde heirba, y de mí
el sueño de verano bajo el tamarindo?

Traducción de María condor y Gustavo Falaquera

Velada literaria; Wisława Szymborska

Musa, no ser un púgil es como no ser nadie.
Nos escamoteaste un público vocinglero.
En la sala hay una docena de personas,
es hora de comenzar.
La mitad vino porque llueve,
los demás son parientes. Musa.

Las mujeres están prestas a desmayarse en esta tarde de otoño,
y lo harán pero sólo en el combate de boxeo.
sólo allí habrá escenas dantescas.
Y un tomar los cielos. Musa.

No ser un púgil, ser un poeta,
con un veredicto condenado a duros norwid*
y a falta de músculos enseñar al mundo
-en el mejor de los casos-
una futura lección escolar.
Oh Musa. Oh, Pegaso,
ángel ecuestre.

En la primera fila un viejecito dulcemente sueña
que su difunta mujer salió de la tumba
para prepararle una tarta de ciruelas.
Con ese fuego -poco, para que la tarta no se queme-
comenzamos la lectura. Musa.
____
*Por cyprian Norwid, poeta finisecular polaco, típico ejemplo del autor más valorado por la crítica posterior que por el público de su tiempo. (N. del t.)

Traducción de Xaviero Ballester

Un poco de humor borgiano en Historia de la eternidad y respecto al destino de los muertos en el cristianismo

Generaciones de hombres idolátricos habían habitado la tierra, sin ocasión de rechazar o abrazar la palabra de Dios; era tan insolente imaginar que pudieran salvarse sin ese medio, como negar que algunos de sus varones, de famosa virtud, serían excluidos de la gloria. (Zwingli, 1523, declaró su esperanza personal de compartir el cielo con Hércules, con Teseo, con Sócrates, con Arístides, con Aristóteles y con Séneca.) Una amplificación del noveno atributo del Señor (que es la omnisciencia) bastó para conjurar la dificultad. Se promulgó que esta importaba el conocimiento de todas las cosas: vale decir, no sólo de las reales, sino de las posibles también. Se rebuscó un lugar en las Escrituras que permitiera ese complemento infinito, y se encontraron dos: uno, aquel del primer Libro de los Reyes en que el Señor le dice a David que los hombres de Keilah van a entregarlo si no se va de la ciudad, y él se va; otro, aquel del Evangelio según Mateo, que impreca a dos ciudades: ¡Ay de ti, Korazín! ¡Ay de ti, Bethsaida! porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho las maravillas que en vosotras se han hecho, ha tiempo que se hubieran arrepentido en saco y en ceniza. Con ese repetido apoyo, los modos potenciales del verbo pudieron ingresar en la eternidad: Hércules convive en el cielo con Ulrich Zwingli porque Dios sabe que hubiera observado el año eclesiástico, la Hidra de Lerna queda relegada a las tinieblas exteriores porque le consta que hubiera rechazado el bautismo.

J. L. Borges
Historia de la eternidad II (fragmento)
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Sí, bueno... poniéndonos más serios... el tema de quiénes estarán en el cielo es uno muy recurrente en la teología. Así, a lo largo de la historia han existido conflictos dentro del cristianismo respecto al destino de los niños que mueren sin el bautismo -este tema es tratado por Borges unas líneas más arriba del fragmento del presente ensayo-, el pecado original y la salvación de las personas que han muerto y que fueron "buenas" pero nunca escucharon el Evangelio, ¿cómo las juzgará Dios?, se preguntan.

Hay algunos que nos quedamos con la pregunta, pero otros más se aventuran a dar respuestas definitivas, aunque especulatorias. Podemos citar el caso del limbo dentro de la teología católica. Algunos católicos reconocen que si bien, esta doctrina forma parte de la tradición, no se encuentra fundamento alguno de ella en la Escritura.

Al respecto, Dios no nos deja en el absoluto silencio. Lejos de toda especulación, la Biblia no se cansa de repetir en múltiples pasajes que el juicio de Dios sobre los muertos será justo (Salmos 19:9, 119:7,137, Juan 5:30 y Apocalipsis 16:7 son sólo un mínimo ejemplo). Bástenos esa contestación y ese consuelo.

Alan

jueves, 13 de noviembre de 2008

Dios infinitamente elevado... pero no alto ni profundo...

Dios no se conoce fin

Dios es infinitamente elevado (¡hombre, reconócelo sin demora!).
En toda la eternidad, no encuentra el final de su divinidad.


El peregrino querúbico I, 41

Dios no es alto ni profundo

Dios no es alto ni profundo. Quien habla de otra manera,
Se encuentra completamente mal informado sobre la verdad.


Ibid I, 170

El rabino; Monique Mitastein

El lunes entré a la sinagoga y busqué al rabino:
─Rabí Eliézer, vengo a pedirle consejo…
─Pero si no eres creyente…
─Rabí Eliézer, yo maté a mi marido.
─¿Qué no murió de un paro cardiaco?
─De eso se muere todo el mundo, rabí Eliézer. Si Simón no se hubiera muerto, yo lo habría matado…
─No eres la primera mujer que ha querido matar a su marido, alégrate, no lo hiciste.
─Lo intentaría si pudiera…
─Tranquilízate, ya no puedes.

El martes entré a la sinagoga y busqué al rabino:
─Rabí Eliézer, vengo a pedirle consejo…
─Pero si no eres creyente…
─Rabí Eliézer, mi madre mató a mi padre.
─Tu padre murió cuando tenías tres años, tú me lo contaste…
─Bueno, Marcelo no era mi padre, pero como si lo fuera…
─¿Qué no murió de un paro cardiaco?
─De eso se muere todo el mundo, rabí Eliézer. Si Marcelo no se hubiera muerto, ella lo hubiera matado.
─Tu madre no es la primera mujer que ha querido matar a su marido, alégrate, no lo logró.
─Ella lo intentaría si pudiera…
─Tranquilízate, ya no puede.

El miércoles entré a la sinagoga y busqué al rabino:
─Rabí Eliézer, vengo a pedirle consejo…
─Pero si no eres creyente…
─Rabí Eliézer, mi abuela mató a mi abuelo.
─¿Cómo lo sabes, si tu abuela murió antes de que tú nacieras? Por eso llevas su nombre.
─Hay una maldición que pesa sobre mi familia: todas las mujeres terminan matando a sus maridos.
─Querrás decir que todas las mujeres de tu familia han tenido ganas de matar a sus maridos; no son las primeras que intentan hacerlo...
─Y lo vuelven a intentar...
─Pero no lo logran, alégrate y deja en paz a los muertos.

El jueves entré a la sinagoga y busqué al rabino:
─Rabí Eliézer, vengo a pedirle consejo…
─Pero si no eres creyente…
─Rabí Eliézer, prométame que no casará a mis hijos…
─ Pero si no tienes hijos varones, solamente cinco mujeres…
─Da lo mismo, sus maridos serán mis hijos, prométame que no las casará…
─¿Quieres que permanezcan solteras?
─Si las casa, querrán matar a sus maridos…
─No serán las primeras que deseen matar a sus maridos…
─Terminarán en la cárcel, ¿qué será de mis nietos?
─Le pediré a Dios que tus hijas encuentren buenos maridos. Alégrate, no les pasará nada a tus nietos.

El viernes el rabino se levantó al alba y, como hacía todos los días, le dio gracias a Dios por no haber nacido mujer.

Acequias año 6, verano 2003, núm. 24

martes, 11 de noviembre de 2008

Rima XXX; Gustavo Adolfo Bécquer

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?