martes, 15 de diciembre de 2009

Que un día cesara V; Luis Vicente de Aguinaga

imagine si ceci
un jour ceci
un beau jour
imagine
si un jour
un beau jour ceci
cessait
imagine
-SAMUEL BECKETT
Mirlitonades

Cesara un día.
Partiera sin más de un lado al otro,
de un momento
al otro.

Y fuera ese otro lado, ese momento
aquello que no es donde,
aquello que se ignora
y desconoce nuestras puntas, nuestros extremos,
_____nuestros límites,
y no sabe de mí.

Igual que nada.
Viene y me dice: igual
que nada. Vengo
y me dicen, me dan, me ven
y cuanta madre.
Me pregunto si vivo

y la pregunta sola me responde:
¿vives?

jueves, 3 de diciembre de 2009

Elogio de la mosca; Luciano

Los sofistas, fieles durante siete siglos a su pretendida capacidad de «convertir en buena la causa mala» (cf. Introducción a Fálaris), hacen alarde además, en este momento (Segunda Sofística), de su dedicación al «arte por el arte». Al igual que Dión escribe su intrascendente Elogio del papagayo, Luciano, hablista puro, habílisimo en el arte del lenguaje, se propone una meta aún más difícil: mostrarnos su virtuosismo retórico asumiendo un tema no ya carente de contenido, sino repugnante en sí mismo, una «causa perdida», como es el elogio (no la defensa) de la mosca. En su ejecución triunfa sólo por su gracia descriptiva, su erudición literaria (citas oportunas de Homero, Platón y los trágicos), y sus conocimientos mitológicos, todo ello amena y sabiamente dosificado. Obra del género epidíctico, este panegírico es auténtico ejemplar clásico de perfección formal y habilidad argumentista, ocupando un lugar destacado en la proteica producción lucianesca.

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1 La mosca no es el más pequeño de los volátiles, al menos comparada con los mosquitos, los cínifes y otros seres aún más diminutos, sino que los aventaja en tamaño tanto como ella misma dista de la abeja. No está dotada de plumas como las aves*1, que tienen algunas de plumaje cubriendo su cuerpo y utilizan las más largas para volar, sino que, como los saltamontes, las cigarras y las abejas, tiene alas membranosas y más delicadas que éstos, como el vestido indio es más sutil y delicado que el griego; y, asimismo, ofrece el colorido floral de los pavos reales, si la miramos fijamente cuando abre sus alas en vuelo hacia el sol.

2 Su vuelo no es, como en los murciélagos, un continuo remar; ni va, como en los saltamontes, acompañado de saltos, ni , como en las avispas, con zumbido, sino que describe una curva perfecta hasta el punto del aire al que se dirige. Además tiene la cualidad de volar, no en silencio, sino con cántico nada desagradable, como cínifes y mosquitos, ni con el grave zumbido de las abejas, o el terrible y amenazador de las avispas; es mucho más melodiosa, como las flautas son más dulces que la trompeta y los címbalos.

3 En cuanto al resto de su cuerpo, la cabeza se une muy delicadamente al cuello y es muy flexible en sus movimientos, y no de una pieza como la de los saltamontes. Sus ojos son prominentes y tienen mucho de cuerno. Su pecho es robusto, y las patas parten de su propio entorno sin apretarse como en las avispas. Como en éstas, su abdomen se halla reforzado, y se asemeja a una coraza dorada de bandas planas y escamas. No se defiende por la parte posterior, como la avispa y la abeja, sino con la boca y la trompa, que tiene de igual modo que los elefantes, con la que se alimenta, coge las cosas y se adhiere a ellas, semejante en su extremo a una ventosa. De ella sale un diente, con el que pica y chupa la sangre ―aunque beba leche, también le gusta la sangre― sin gran dolor para sus victimas. Aun cuando tiene seis patas, anda sólo con cuatro, y usa las dos delanteras a guisa de manos. La puedes ver caminando sobre cuatro patas, llevando algo comestible en sus dos manos, de modo muy semejante a nuestra humana costumbre.

4 No nace ya así, sino que primero es una larva, surgida de los cadáveres de hombre o animales. Luego, poco a poco, desarrolla las patas, echa las alas, y de gusano pasa a volátil, que cría y da a luz un pequeño gusano, mosca más tarde. Vive en sociedad con los hombre, compartiendo sus alimentos y su mesa, y toma de tomo menos aceite, pues el probarlo le produce la muerte. Y, aunque es de corta existencia ―su vida queda estrechamente limitada―, se complace especialmente en la luz y por ella se rige. De noche descansa y no vuela ni canta, sino que se oculta y permanece inmóvil.

5 Puedo hablar también de su inteligencia, nada pequeña, para escapar de su cazadora y enemiga, la araña. Si ésta trama la emboscada, la acecha, y cuando se ve frente a ella cambia su rumbo, para no caer en la red y dar en las telas del animal. De su valor y arrojo ni hemos de hablar nosotros, sino el poeta de más potente voz: Homero. Al tratar de ensalzar al mejor de los héroes*2, no compara su arrojo con el del león, el leopardo o el jabalí, sino con la audacia de la mosca y la intrepidez y persistencia de su ataque, y no le atribuye temeridad, sino audacia*3, pues incluso apartada ―dice― no abandona, sino que está ansiosa por picar. Tanto ensalza y aprecia a la mosca, que no la menciona ocasionalmente una vez ni en escasos pasajes, sino con frecuencia: así su recuerdo adorna sus versos. Ora describe su vuelo en enjambre hacia la leche*4, ora ―cuando Atenea aparta el dardo de Menelao, para que no dé en sus parte vitales, y la compara con una madre que vela a su hijo dormido*5― introduce de nuevo la mosca en la comparación. Además, las adornó con un bellísimo epíteto al calificarlas de «espesas» y llamar «naciones» a su enjambre*6.

6 Es tan fuerte, que cuando pica atraviesa no sólo la piel del hombre, sino la del buey y la del caballo, y hasta al elefante daña penetrando en sus arrugas y lacerándolo con su trompa en proporción a su tamaño. De celo, amor y uniones tienen gran libertad, y el macho no monta y desciendo al instante, como en los gallos, sino que se mantiene mucho rato sobre la hembra, y ella lleva al novio, y unidos vuelan sin romper en su evolución ese coito aéreo. Con la cabeza cortada, vive el cuerpo de la mosca mucho tiempo y sigue respirando.

7 Mas quiero referirme al aspecto más extraordinario de su naturaleza. Es éste el único dato que Platón omite en su tratado acerca del alma y su inmortalidad. Cuando muere una mosca, resucita si se la cubre de ceniza, operándose en ella una palingenesia y segunda vida desde un principio*7, de modo que todos pueden quedar completamente convencidos de que también su alma es inmortal, si parte y regresa de nuevo, reconoce y reanima su cuerpo, haciendo volar la mosca: así confirma la leyenda acerca de Hermótimo de Clazómenas, de que su alma muchas veces le abandonaba, se alejaba por propia iniciativa y después regresaba, volvía a ocupar su cuerpo y a reanimar a Hermótimo.

8 No trabaja: sin fatiga disfruta de los esfuerzos ajenos y tiene la mesa llena en todas partes, pues las cabras son ordeñadas para ella en todas partes, pues las cabras son ordeñadas para ella, las abejas no trabajan menos para las moscas que para el hombre, los cocineros condimentan para ella los alimentos, que prueba incluso antes que los propios reyes; se pasea por las mesas, participa de sus festines y comparte todos sus goces.

9 No establece su nido o habitación en un único sitio, sino que remonta el vuelo errante como los escitas, y allí donde le sorprende la noche establece su hogar y lecho. Pero en la oscuridad, como dije, no hace nada: ni pretende realizar acción alguna a hurtadillas, ni cometer algo vergonzoso que, hecho a la luz, la avergüence.

10 Cuenta la leyenda que en la antigüedad existió una mujer llamada Mía*8, muy hermosa, pero charlatana, entrometida y aficionada al canto, rival de Selene por amar ambas a Endimión. Como despertaba continuamente al mozo mientras dormía con sus charlas, canturreos y bromas, éste se irritó y Selene, encolerizada, convirtió a Mía en mosca. Por eso siente envidia de todos cuantos duermen, y en especial de los jóvenes y niños, en recuerdo de Endimión. La misma mordedura y su deseo de sangre no es signo de fiereza, sino de amos y afecto al hombre, pues en lo posible goza de él y algo extrae de la flor de su belleza.

11 Hubo también, según los antiguos, una mujer de su mismo nombre, poetisa muy bella e inspirada; y también otra, famosa cortesana del Ática, de la que el poeta cómico dijo: «Mía le mordía hasta el corazón»*9; por tanto, la gracia cómica ni despreció ni excluyó de la escena el nombre de la mosca, ni los padres se avergonzaban de llamar así a sus hijas. La tragedia también menciona a la mosca con gran alabanza, como en estos versos:

Terrible es que la mosca, con indómita fuerza,
Salte sobre los hombres para hartarse de sangre,
Y a los hoplitas su lanza hostil perturbe
*10.

Mucho más podría añadir acerca de Mía, la pitagórica*11, si su historia no fuera conocida de todos.

Existen también unas moscas muy grandes, comúnmente llamadas «guerreras», y «perros voladores» por algunos, de zumbido extremadamente ronco y muy veloces en el vuelo; gozan de larga vida y resisten todo el invierno sin comer, adheridas con frecuencia a las techumbres; merece admiración su peculiaridad de realizar la función de ambos sexos, autofecundándose igual que el hijo de Hermes y Afrodita, de dos naturalezas y doble belleza.

Y, aun cuando aún puedo añadir mucho más, pondré fin a mi discurso, no parezca, como dice el refrán, que hago un elefante de una mosca.


____________

1El griego dice literalmente «como los demás (sc. volátiles)».
2 Ilíada XVII 570. Atenea infunde en el pecho de Menelao la «audacia de la mosca».
3 La distinción sutil entre conceptos tan afines como thrásos (=«audacia»), propia de los sofistas, es ajena a la lengua de Homero y al uso común del griego.
4 Ilíada II 469; XVI 641
5 Ilíada IV 130.
6 Ilíada II 469.
7 ELIANO, Hist. Animal II 29.
8 Transcripción del sustantivo griego Myîa (=«Mosca»).
9 Texto de origen desconocido (KOCK, Comic. Attic. Fragmen., 1880-88, fr. Adesp. 475).
10 Texto igualmente desconocido (NAUCK, Trag. Graec. Fragm., 2.ª ed., Leipzing, 1889, fr. Adesp. 295).
11 Al parece, fue hermana de Pitágoras y esposa de Milón de Crotona, el famoso atleta.

Luciano, Obras I
Traducción y notas de Andrés Espinosa Alarcón
Biblioteca Clásica Gredos
1a ed. , 1981
Págs. 104-9

jueves, 19 de noviembre de 2009

Ossobuco; Billy Collins


I love the sound of the bone against the plate
and the fortress-like look of it
lying before me in a moat of risotto,
the meat soft as the leg of an angel
who has lived a purely airborne existence.
And best of all, the secret marrow,
the invaded privacy of the animal
prized out with a knife and swallowed down
with cold, exhilarating wine.

I am swaying now in the hour after dinner,
a citizen tilted back on his chair,
a creature with a full stomach —
something you don’t hear much about in poetry,
that sanctuary of hunger and deprivation.
You know: the driving rain, the boots by the door,
small birds searching for berries in winter.

But tonight, the lion of contentment
has placed a warm, heavy paw on my chest,
and I can only close my eyes and listen
to the drums of woe throbbing in the distance
and the sound of my wife’s laughter
on the telephone in the next room,
the woman who cooked the savory Ossobuco,
who pointed to show the butcher the ones she wanted.
She who talks to her faraway friend
while I linger here at the table
with a hot, companionable cup of tea,
feeling like one of the friendly natives,
a reliable guide, maybe even the chief’s favorite son.

Somewhere, a man is crawling up a rock hillside
on bleeding knees and palms, an Irish penitent
carrying the stone of the world in his stomach;
and elsewhere people of all nations stare
at one another across a long, empty table.

But here, the candles give off their warm glow,
the same light that Shakespeare and Izaak Walton wrote by,
the light that lit and shadowed the faces of history.
Only now it plays on the blue plates,
the crumpled napkins, the crossed knife and fork.

In a while, one of us will go up to bed
and the other one will follow.
Then we will slip below the surface of the night
into miles of water, drifting down and down
to the dark, soundless bottom
until the weight of dreams pulls us lower still,
below the shale and layered rock,
beneath the strata of hunger and pleasure,
into the broken bones of the earth itself,
into the marrow of the only place we know.


The art of drowning (1995)

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Me encanta el sonido del hueso contra el plato
y el aspecto de fortín que tiene,
dispuesto ante mí en un foso de risotto,
la carne suave como la pierna de un ángel
que ha vivido una existencia puramente aérea.
Y lo mejor de todo, el tuétano secreto,
la privacidad invadida del animal
capturada con un cuchillo y tragada
con un vino frío y excitante.

Me estoy balanceando en la hora después de la cena,
un ciudadano recostado en su silla,
una criatura con el estómago lleno―
algo que no se oye mucho en poesía,
ese santuario de hambre y carencias.
Ya sabes: la lluvia mientras conduces, las botas en la puerta,
pequeños pájaros buscando bayas en invierno.

Pero esta noche, el león de la felicidad
ha posado su zarpa pesada y caliente en mi pecho,
y sólo puedo cerrar mis ojos y escuchar
los tambores de desgracias tronando en la distancia
y el sonido de la risa de mi mujer
al teléfono en la habitación de al lado,
la mujer que cocinó el sabroso ossobuco,
quién señaló al carnicero aquello que quería.
Ella que habla a su amiga lejana
mientras dejo pasar el tiempo aquí en la mesa
con una taza de un té amigo y caliente,
sintiéndome como uno de esos nativos amables,
un guía de confianza, quizás incluso el hijo favorito del jefe.

En algún sitio, un hombre está reptando por una colina rocosa
con las rodillas y palmas sangrientas, un penitente irlandés
que lleva la piedra del mundo en su estómago;
y en otro sitio personas de todas las naciones se observan
unos a otros a través de una mesa larga y vacía.

Pero aquí, las velas ofrecen su cálido brillo,
la misma luz con la que escribieron Shakespeare e Isaac Walton,
la luz que iluminó y oscureció las caras de la historia.
Sólo que ahora juega sobre los platos azules,
las servilletas arrugadas, el cuchillo y el tenedor cruzados.

En un momento, uno de nosotros se irá a la cama
y el otro seguirá.
Entonces nos deslizaremos bajo la superficie de la noche
bajo kilómetros de agua, dejándonos arrastrar abajo y abajo
hacia el oscuro y silencioso fondo
hasta que el peso de los sueños nos empuje más abajo todavía,
bajo las rocas frágiles y sedimentadas,
por debajo del estrato de hambre y placer,
hasta los rotos huesos de la propia tierra,
hasta el tuétano del único lugar que conocemos.


Traducción de Julio Mas Alcaraz

martes, 17 de noviembre de 2009

La reflexión y el juego...



La reflexión no excluye el juego y el hombre
que juega es ya un hombre que conoce.

RAMÓN XIRAU


Epígrafe utilizado en Plagio. Juegos [1968-1969]
Plagios, Ulalume González de León
Pág. 20. FCE, 2001

domingo, 15 de noviembre de 2009

Llagas, flores caducas 2; Rubén Bonifaz Nuño


Nadie llamó. Silencio. Abrí la puerta
y estabas tú. Recuerdo: te cercaba,
ya desde entonces, una luz que daba
al alma el centro de una dicha incierta.

Y te vi, te nombré, y en la desierta
desolación del tiempo que pasaba
te alzaste para siempre. Todo acaba;
dura sólo tu imagen descubierta.

Estás lejos, relumbras en tu risa
pensando no sé en qué; lejos, ausente,
y gozo y paz y voz y luz repartes.

Pero tu imagen brilla en la sumisa
sombra de la memoria; está presente
conmigo, sola y siempre. En todas partes

Los pasos; Konstantino Kavafis


Sobre una cama de ébano, adornada
con águilas de coral, duerme profundamente
Nerón — inconsciente, tranquilo y feliz;
floreciendo en la salud de su carne
y en el hermoso ardor de su juventud.
Pero en la estancia de alabastro que cierra
el antiguo templo de los Enobarbos
cuán inquietos están sus Lares.
Tiemblan todos aquellos pequeños dioses
y se esfuerzan por ocultar sus insignificantes cuerpos.
Porque han escuchado un sonido terrible,
un sonido de muerte subiendo la escalera;
pasos de hierro que hacen temblar los peldaños.
Y asustados los miserables Lares
se esconden en los rincones del templo,
uno sobre otro cayendo y tropezando,
un diosecillo sobre otro,
porque saben ya qué imagen es la de ese ruido,
han reconocido el paso de las Erinias.





(La primera versión de este poema se tituló EL PASO DE LA EUMÉNIDES —según Malanos—. Parece segura la fuente del temor y precipitación de los Lares, en Suetonio, cuando en «NERÓN» afirma: exornati Lares in ipso sacrificii apparatu copnciderunt. También hay referencias similares en un poema sobre el mismo tema de Paparrigopulos)



Konstantino Kavafis; Poesías completas
poesía Hiperión
Vigésima edición, 2007
Pág. 25
Traducción y notas de José María Álvarez

sábado, 14 de noviembre de 2009

Hay que leer o no leer; Oscar Wilde


Los libros pueden ser muy cómodamente divididos en tres clases:

1a. Los libros que hay que leer, como las Cartas, de Cicerón; Suetonio; las Vidas de los pintores, de Vasari; la Autobiografía de Benvenuto Cellini; sir John Mandeville, Marco Polo, las Memorias de Saint-Simon, Mommsen y (hasta que tengamos otra mejor) la Historia de Grecia, por Grote.

2a. Los libros que hay que releer, como Platón y Keats en la esfera de la poesía, los maestros y no los artesanos en la esfera de la filosofía, los videntes y no los "sabios".

3a. Los libros que no hay que leer nunca, como las Estaciones, de Thomson; todos los Santos Padres, excepto San Agustín; todo John Stuart Mill, excepto el Ensayo sobre la libertad; todo el teatro de Voltaire, sin excepción alguna; la Inglaterra, de Hume; todos los libros de argumentación y todos aquellos en que se intenta probar algo.

La tercera clase es, con mucho, la más importante. Decir a la gente lo que debe leer es generalmente inútil o perjudicial, porque la apreciación de la literatura es cuestión de temperamento y no de enseñanza.

No existe ningún manual del aprendiz de Parnaso, y nada de lo que se puede aprender por medio de la enseñanza vale la pena aprenderse.

Pero decir a la gente lo que no debe leer es cosa muy distinta, y me atrevo a recomendar este tema a la Comisión del proyecto de ampliación universitaria.

Realmente, es una de las necesidades que se dejan sentir, sobre todo en este siglo en que vivimos, en un siglo en que se lee tanto, que ya no tiene uno tiempo de admirar, y en que se escribe tanto, que ya no tiene uno tiempo de pensar.

Quien escoja en el caos de nuestros modernos programas los Cien peores libros y publique la lista de ellos, hará un verdadero y eterno favor a las generaciones futuras.



Oscar Wilde. Obras completas
Ed. Aguilar. México, 1991
Págs. 1124-5
14 de noviembre de 2009

viernes, 6 de noviembre de 2009

The Lobster Quadrille; Lewis Carroll


“Will you walk a little faster?” said a whiting to a snail,
“There’s a porpoise close behind us, and he’s treading on my tail.
See how eagerly the lobsters and the turtles all advance!
They are waiting on the shingle—will you come and join the dance?
Will you, won’t you, will you, won’t you, will you join the dance?
Will you, won’t you, will you, won’t you, won’t you join the dance?

“You can really have no notion how delightful it will be
When they take us up and throw us, with the lobsters, out to sea!"
But the snail replied, “Too far, too far!” and gave a look askance—
Said he thanked the whiting kindly, but he would not join the dance.
Would not, could not, would not, could not, would not join the dance.
Would not, could not, would not, could not, could not join the dance.

“What matters it how far we go?” his scaly friend replied.
“There is another shore, you know, upon the other side.
The further off from England the nearer is to France—
Then turn not pale, beloved snail, but come and join the dance.
Will you, won’t you, will you, won’t you, will you join the dance?
Will you, won’t you, will you, won’t you, won’t you join the dance?”



From Alice's Adventures in Wonderland. Chapter 10
By Lewis Carroll

domingo, 11 de octubre de 2009

La vida debería ser al revés; Alejandro Tunarosa Velásquez


Se debería empezar muriendo y así ese trauma estaría superado.
Luego te despiertas en un geriátrico, mejorando día a día.
Después te echan del geriátrico, porque ya estás bien. Lo primero que haces es cobrar tu pensión.
Luego, en tu primer día de trabajo te dan un reloj de oro. Trabajas 40 años, hasta que eres bastante joven como para disfrutar del retiro de la vida laboral.
Entonces vas de fiesta en fiesta, bebes, practicas el sexo, no tienes problemas graves y te preparas para empezar a estudiar.
Luego empiezas el cole, jugando con tus amigos, sin ningún tipo de obligación, Y los últimos nueve meses, los pasas flotando tranquilo, con calefacción central, room-service, etc.
Hasta que finalmente...
¡Abandonas este puto mundo en un espectacular orgasmo !
______________

Nota del autor de Caballo de Letras: Algunos detalles del texto que podrían parecer defectos tipográficos como la Y colocada después de una coma en el antepenúltimo renglón y el espacio que existe entre el signo que indica el término de una exlamación y la última palabra del texto permanecen de este modo debido a que se decidió respetar la grafía de la fuente:
NOTAS PARA FACEBOOK
Consultado el 11/10/2009, 9:58 PM

viernes, 9 de octubre de 2009

Soga de tres cabos...


Releyendo la Epopeya de Gilgameš, Rey de Uruk, editada y traducida por Joaquín Sanmartín (Trotta, 2005), encontré un fragmento de la Tablilla V (alrededor del verso 73 en adelante) de la epopeya babilónica clásica que llamó mi atención…
______


Testigos documentales utilizados

Epopeya babilónica clásica (documentación ninivita [Nin] y babilónica [Bab]):

___Edición base: A. R. GEORGE. The Babylonian Gilgamesh Epic. Introduction, Critical Edition and Cuneiform Texts, vols I-II, Oxford 2003, p. 602-615; copias: lams. 71-76.

___Edición escolar: PARPOLA 1997, S. PARPOLA, The Standard Babylonian Epic of Gilgamesh. Cuneiform Text, Transliteration, Glossary, Indices and Sign List (State Archives of Assyria: Cuneiform Texts 1), Helsinki. p, xviii, 25-28, 87-89.

El texto de la Epopeya clásica se apoya aquí en un fragmento cuya posición en el texto es controvertida*, pero que bien podría insertarse en este lugar del discurso con el que Enkidu trata de animar a Gilgameš.

__________________Pero:
__________________‘[Dos] gruesas túnicas
____________________[abrigan más que una.]
Nin/Bab________ V:74__[Por más] escarpado que sea el fuerte,
___________________dos [sí que podrán tomarlo;]
___________ _ _V:75_ Dos trillizos [… … …]
________________ _ Soga de tres cabos [es difícil de romper**.]
________________ _ Al poderoso león, dos cachorros [… … …]’

* Manuscrito babilónico [u]; GEORGE 2003, p. 604-606, copia: lam. 71. Publicado en LAMBERT / MILLARD 1965, n°. 21. Véase B. LANDSBERGER, «Zur vierten und siebenten Tafel des Gilgamesch-Epos», Revue d’Assyriologie et d’Archéologie Orientale 62, p. 97-135. P. 108-109; para su posición en este contexto véanse R.J. TOURNAY / A. SHAFFER, l’épopée de Gilgamesh (Littératures anciennes du Proche-Orient 15), Paris, p. 123; A. GEORGE, The Epic of Gilgamesh. The Babylonian Epic poem and Other Texts in Akkadian and Sumerian, Harmondsworth / New York, p. 40; B.R. FOSTER, The Epic of Gilgamesh: A new translation, analogues, criticism, New York / London, p. 38-39.

** Se trata sin duda de una retahíla de refranes. Para un paralelo bíblico que insiste en la eficacia de la cooperación véase Eclesiatés 4:9-12. El texto acadio tiene un paralelo en la balada sumeria Bilgames y Huwawa (A), líneas 106-110 (ver p. 316). Otro paralelo, muy incompleto, se encuentra en las líneas 1-8 del reverso del fragmento babilónico medio Emar1 (Msk 74128d) procedente de Tell Meskene (la antigua Emar), en la cuenca media del Éufrates, y publicada en GEORGE 2003, p. 328-331, copia: lam 28 (ver D. ARNAUD, Recherches au Pays d’Aštata. Emar 6/4. Textes de la bibliothèque: transcriptions et traductions (Editions Recherche sur les Civilisations : Synthèse 28), Paris, n°. 781; TH. E. KÄMMERERE, Šimâ milka. Induktion und Rezeption der mittelbabylonischen Dichtung von Ugarit, Emār und Tell el-Amārna (Alter Orient und Altes Testament 251), Mϋnster, p. 228 y s.; aquí p. 392):
____________Gilgameš lo tomó [de la mano,]
____________[y Enkidu] abrió su boca, y [dice]:
____________―‘ ¿Qué [vamos a hacer,] amigo mío?
____________[¿Qué respuesta vamos a darle al montón [de gente]?
____________[¡Claro que Šamaš] es señor de los cielos!
____________[no se gasta fácilmente calzado] con dos suelas,
____________[…] por más escarpado que sea el fuerte, dos [sí que
podrán
tomarlo …]

_____

Efectivamente, como bien decía la nota, este tipo de refranes o proverbios son muy parecidos a los que se hallan en una porción de la Biblia (Eclesiastés 4:9-12, RVR 1960):

9 Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.
10 Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.
11 También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo?
12 Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.

Keep out...



La migala; Juan José Arreola


La migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye.

El día en que Beatriz y yo entramos en aquella barraca inmunda de la feria callejera, me di cuenta de que la repulsiva alimaña era lo más atroz que podía depararme el destino. Peor que el desprecio y la conmiseración brillando de pronto en una clara mirada.

Unos días más tarde volví para comprar la migala, y el sorprendido saltimbanqui me dio algunos informes acerca de sus costumbres y su alimentación extraña. Entonces comprendí que tenía en las manos, de una vez por todas, la amenaza total, la máxima dosis de terror que mi espíritu podía soportar. Recuerdo mi paso tembloroso, vacilante, cuando de regreso a la casa sentía el peso leve y denso de la araña, ese peso del cual podía descontar, con seguridad, el de la caja de madera en que la llevaba, como si fueran dos pesos totalmente diferentes: el de la madera inocente y el del impuro y ponzoñoso animal que tiraba de mí como un lastre definitivo. Dentro de aquella caja iba el infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, el descomunal infierno de los hombres.

La noche memorable en que solté a la migala en mi departamento y la vi correr como un cangrejo y ocultarse bajo un mueble, ha sido el principio de una vida indescriptible. Desde entonces, cada uno de los instantes de que dispongo ha sido recorrido por los pasos de la araña, que llena la casa con su presencia invisible.

Todas las noches tiemblo en espera de la picadura mortal. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil, porque el sueño ha creado para mí, con precisión, el paso cosquilleante de la aralia sobre mi piel, su peso indefinible, su consistencia de entraña. Sin embargo, siempre amanece. Estoy vivo y mi alma inútilmente se apresta y se perfecciona.

Hay días en que pienso que la migala ha desaparecido, que se ha extraviado o que ha muerto. Pero no hago nada para comprobarlo. Dejo siempre que el azar me vuelva a poner frente a ella, al salir del baño, o mientras me desvisto para echarme en la cama. A veces el silencio de la noche me trae el eco de sus pasos, que he aprendido a oír, aunque sé que son imperceptibles.

Muchos días encuentro intacto el alimento que he dejado la víspera. Cuando desaparece, no sé si lo ha devorado la migala o algún otro inocente huésped de la casa. He llegado a pensar también que acaso estoy siendo víctima de una superchería y que me hallo a merced de una falsa migala. Tal vez el saltimbanqui me ha engañado, haciéndome pagar un alto precio por un inofensivo y repugnante escarabajo.

Pero en realidad esto no tiene importancia, porque yo he consagrado a la migala con la certeza de mi muerte aplazada. En las horas más agudas del insomnio, cuando me pierdo en conjeturas y nada me tranquiliza, suele visitarme la migala. Se pasea embrolladamente por el cuarto y trata de subir con torpeza a las paredes. Se detiene, levanta su cabeza y mueve los palpos. Parece husmear, agitada, un invisible compañero.

Entonces, estremecido en mi soledad, acorralado por el pequeño monstruo, recuerdo que en otro tiempo yo soñaba en Beatriz y en su compañía imposible.

lunes, 5 de octubre de 2009

El Basilisco (abreviado); J. L. Borges con Margarita Guerrero


En el curso de las edades, el Basilisco se modifica hacia la fealdad y el horror y ahora se lo olvida. Su nombre significa «pequeño rey»; para Plinio el Antiguo (VIII, 33), el Basilisco era una serpiente que en la cabeza tenía una mancha clara en forma de corona. A partir de la Edad Media, es un gallo cuadrúpedo y coronado, de plumaje amarillo, con grandes alas espinosas y cola de serpiente que puede terminar en un garfio o en otra cabeza de gallo. El cambio de la imagen se refleja en un cambio de nombre; Chaucer, en el siglo XIV, habla del basilicock. Uno de los grabados que ilustran la Historia Natural de las Serpientes y Dragones de Aldrovandi le atribuye escamas, no plumas, y la posesión de ocho patas*.

Lo que no cambia es la virtud mortífera de su mirada. Los ojos de las gorgonas petrificaban; Lucano refiere que de la sangre de una de ellas, Medusa, nacieron todas las serpientes de Libia: el Áspid, la Anfisbena, el Amódite, el Basilisco. El pasaje está en el libro noveno de la Farsalia [...]

El Basilisco reside en el desierto; mejor dicho, crea el desierto. A sus pies caen muertos los pájaros y se pudren los frutos; el agua de los ríos en que se abreva queda envenenada durante siglos. Que su mirada rompe las piedras y quema el pasto ha sido certificado por Plinio. El olor de la comadreja lo mata; en la Edad Media, se dijo que el canto del gallo. Los viajeros experimentados se proveían de gallos para atravesar comarcas desconocidas. Otra arma era un espejo; al Basilisco lo fulmina su propia imagen.

Los enciclopedistas cristianos rechazaron las fábulas mitológicas de la Farsalia y pretendieron una explicación racional del origen del Basilisco. (Estaban obligados a creer en él, porque la Vulgata traduce por «basilisco» la voz hebrea Tsepha, nombre de un reptil venenoso.) La hipótesis que logró más favor fue la de un huevo contrahecho y deforme, puesto por un gallo e incubado por una serpiente o por un sapo. En el siglo XVII, Sir Thomas Browne la declaró tan monstruosa como la generación del Basilisco. Por aquellos años, Quevedo escribió su romance El Basilisco, en el que se lee:

_______________Si está vivo quien te vio,
_______________Toda tu historia es mentira,
_______________Pues si no murió, te ignora,
_______________Y si murió no lo afirma.
______

*Ocho patas tiene, según la Edda Menor, el caballo de Odín.


De: El libro de los seres imaginarios
Alianza Editorial. 2007

sábado, 3 de octubre de 2009

La muerte de Dido


Contexto:

Este pasaje que se encuentra al final del libro IV de la Eneida nos muestra los momentos finales de la reina. Después de que Eneas llegara con sus dárdanos a Cartago y de que hubiera vivido un romance y consumado su unión con Dido, quien antes de la llegada del héroe había sido fiel a la memoria de su difunto esposo jurando no volver a amar a otro hombre, éste decide partir para continuar con su meta original: fundar una nueva Troya. Dido se destroza al saber de la partida sin que Eneas le hubiera dicho nada. Sus últimas palabras están cargadas del despecho que sufre una mujer por el abandono de su amante, un despecho narrado como ningún otro entre las letras latinas.
_____


Al punto el mismo ardor cunde entre todos.
Lánzanse arrebatados. Dejan atrás la orilla.
Desaparece el mar bajo las velas. Afanosos baten
rizando espumas las olas verdiazules.
Ya irrumpía la Aurora abandonado el lecho azafranado de Titono
y empezaba a esparcir sus nuevos rayos por el haz de la tierra.
Al punto en que la reina ve alborear de su atalaya el día
y alejarse la flota, las velas a la par firmes al viento
y contempla desierta la ribera y el puerto sin remeros,
hiere su hermoso pecho tres veces, cuatro veces,
y mesándose su rubia cabellera: «¡Oh Júpiter! ¿Se irá este advenedizo
haciendo escarnio de mi reino? ―prorrumpe. ¿Y no corren los míos a las armas?
y no salen de toda la ciudad a perseguirle
y no arrebatan las naves de los diques? ¡Ea, presto, las teas! Traed dardos,
volcaos en los remos. ¿Qué digo? ¿Dónde estoy?
¿Qué locura me trastorna la mente?
¡Desventurada Dido! ¡Ahora te hiere el alma su malvado proceder!
Entonces debió ser, cuando ponías en su mano el cetro.
Ve cómo cumple la palabra dada
el que lleva consigo los dioses hogareños de su patria, según dicen,
el que cargó a sus hombros a su padre acabado por los años.
¿Y no pude apresarlo y desgarrar sus miembros
y esparcirlos por las olas? ¿Y no logré acabar a hierro con su gente,
matar al mismo Ascanio y ofrecerlo a su padre por manjar?
¿Que era dudoso el resultado de esa lucha?
Aunque lo fuera. ¿A qué temer cuando se va a morir?
Hubiera yo prendido fuego a su campamento y quemado las quillas de las naves
y exterminado a hijo y padre y a todo su linaje
y yo misma sobre ellos me hubiera dado muerte.
¡Sol que iluminas con tu lumbre cuanto se hace en la tierra,
tú, Juno, medianera y testigo de mis penas,
Hécate a quien invocan a alaridos de noche por las encrucijadas
de las ciudades, Furias vengadoras, vosotros divinos valedores de la muerte de Elisa,
atendedme, volved vuestro poder divino hacia mis males,
lo merezco, y escuchar mis plegarias!
Si es forzoso que ese hombre de nefanda maldad arribe a puerto
y que consiga a nado ganar tierra, si así lo impone la voluntad de Júpiter
y es designio inmutable, que a lo menos acosado en la guerra por las armas
de un pueblo arrollador, fuera de sus fronteras,
arrancado a los brazos de su Julo,
implore ayuda y vea la muerte infortunada de los suyos,
y después de someterse a paz injusta no consiga gozar de su reinado
ni de la dulce luz y caiga antes de tiempo
y yazga su cadáver insepulto en la arena. Esto es lo que os pido,
la última ansia que escapa de mi pecho con mi sangre.
Y vosotros, mis tirios, perseguid sañudos a su estirpe,
y a toda su raza venidera, rendid este presente a mis cenizas:
que no exista amistad ni alianza entre ambos pueblos. ¡Álzate de mis huesos,
tú vengador, quien fueres, y arrolla a fuego y hierro a los colonos dárdanos,
ahora, en adelante, en cualquier tiempo que se os dé pujanza!
¡En guerra yo os conjuro, costa contra costa, olas contra olas,
armas contra armas, que haya guerra entre ellos
y que luchen los hijos de sus hijos!*»
Dice. Y revuelve su alma a todas partes ansiosa de cortar
cuanto antes a cercén la vida que aborrece.
Luego habla unas palabras con Barce, la nodriza de Siqueo,
pues la oscura ceniza de la suya la retenía su primera patria:
«Ve, querida nodriza, tráeme aquí a mi hermana Ana,
dile que corra a rociarse el cuerpo con el agua lustral
y que traiga las víctimas y ofrendas
de expiación prescritas. Que venga preparada como le digo. Tú cúbrete la frente
con la ínfula sagrada. Pienso acabar los ritos a Júpiter Estigio
que tengo, como cumple, preparados y que ya he comenzado, y poner término
a mis penas entregando a las llamas la pira de ese dárdano».
Así habla. La nodriza, con premura de anciana, aviva el paso.
En tanto, Dido temblando, arrebatada por su horrendo designio,
revirando los ojos inyectados en sangre, jaspeadas las trémulas mejillas,
pálida por la muerte ya inminente, irrumpe por la puerta en el patio del palacio
y sube enloquecida a lo alto de la pira y desenvaina la espada del troyano,
prenda que no pidió con ese fin. Después que contempló
los vestidos traídos de Ilión y el conocido lecho, llorando se detuvo
un momento en sus recuerdos. Luego se echó de pechos sobre el tálamo
profiriendo estas últimas palabras: «¡Dulces prendas un tiempo,
mientras el hado y Dios lo permitieron**,
tomad mi alma y libradme de esta angustia!
He vivido mi vida, he dado cima al curso que me había fijado la fortuna.
Ahora caminará mi sombra, plena ya, bajo la tierra.
He fundado una noble ciudad, he visto mis murallas,
he vengado a mi esposo y le he cobrado el castigo a mi hermano, mi enemigo.
¡Feliz, ay, demasiado feliz si no hubieran jamás
naves troyanas arribado a mis playas!»
Dice así. Y hundiendo rostro y labios en su lecho:
«Moriré sin venganza, pero muero.
Así, aún me agrada descender a las sombras. ¡Que los ojos del dárdano cruel
desde alta mar se embeban de estas llamas y se lleve en el alma
el presagio de mi muerte!» Fueron sus últimas palabras. Hablaba todavía
cuando la ven volcarse sobre el hierro sus doncellas y ven la espada
espumando sangre que se le esparce por las manos.
El griterío asciende a la alta bóveda. La Fama va danzando delirante
por la ciudad atónita. Lamentos y gemidos y alaridos de mujeres
estremecen las casas. Va resonando el aire cimero de plañidos imponentes,
igual que si Cartago entera o si la antigua Tiro se vieran invadidas de enemigos
y avanzara rodando la furia de las llamas por lo alto de las casas de los hombres
y los templos de los dioses. Lo escucha su hermana sin aliento.
Despavorida se abalanza corriendo a través de la turba
hiriéndose la cara con las uñas y el pecho con los puños
y gritando llama a la moribundo por su nombre:
«¡Esto te proponías, hermana! ¡Pretendías engañarme! ¡Esto me reservaban
este fuego, esta pira, estos altares! ¿Por dónde empiezo a lamentarme
de tu abandono? ¿Has desdeñado que tu hermana te hiciese compañía al morir?
Si me hubieras llamado a compartir tu suerte,
la misma espada, una misma hora
nos hubiera a los dos arrebatado. Pensar que he alzado yo con estas manos
la pira y que he invocado a nuestros dioses paternos con mi voz
para que cuando tú te vieras en la pura, ¡cruel de mí!, estuviera yo lejos.
Te has destruido a ti y a mí contigo, hermana,
y a tu pueblo y al senado de Sidón
y a la misma ciudad. Dejad lave con agua las heridas
y si vaga algún soplo de vida por sus labios todavía,
dejadme recogerlo en los míos».
Dijo. Había escalado las gradas de la pira y abrazando a su hermana agonizante
la abrigaba en su seno entre sollozos y trataba con su ropa
de restañar los brotes de oscura sangre.
Dido intenta alzar los párpados pesados.
De nuevo desfallece. La honda herida de la espada clavada borbollea en su pecho.
Tres veces apoyándose en el codo intenta incorporarse, otras tres
cae hacia atrás rodando sobre el lecho. Sus ojos extraviados
buscan la luz del día por la bóveda del cielo.
Al hallarla prorrumpe en un gemido.
Entonces apiadada la omnipotente Juno de su largo dolor y penosa agonía
Manda a Iris*** que descienda del Olimpo a que libere su alma,
que lucha por soltarse de los lazos del cuerpo.
Pues como no finaba por designio del hado ni por muerte merecida,
pero la infortunada moría antes de tiempo arrebatada de súbita locura,
no había Prosérpina todavía cortado el rubio bucle de su frente****,
ni lo había ofrendado al Orco estigio*****. Al punto Iris, brillantes de rocío
las alas de azafrán, cobrando al sol frontero su espejeo de mil variados visos,
desciende por el cielo volandera y sobre su cabeza amaina el vuelo.
«Tomo, como me mandan, esta ofrenda consagrada a Plutón.
Te desligo de tu cuerpo». Dice y le corta el bucle con su mano.
Al instante se disipa todo el calor del cuerpo y su vida se pierde entre las auras.
________________


_______*Presagia Dido las guerras que habían de emprender los troyanos al llegar aItalia. Y sobretodo la amenaza de las Guerras Púnicas y de su feroz vengador, Aníbal.
_______**Sabido es que esta postrera añoranza de la reina halla su resonancia en la de Garcilaso por su Isabel de Freire. Ved cómo la recoge el más dulce y suave de sus sonetos:
_________________Oh dulces prendas, por mí mal halladas,
_________________Dulces y alegres, cuando Dios quería!
_________________Juntas estáis en la memoria mía,
_________________Y con ella en mi muerte conjuradas.

(Soneto X, según ed. A. GALLEGO MORELL, Garcilaso de la Vega y sus comentaristas, Madrid, Gredos, 1972).
_______***Mensajera de los dioses, hija de Juno.
_______****Antes de sacrificarlas solía cortarse de la frente de las víctimas un mechón de pelo que se ofrecía como primicia a Prosérpina, divinidad de los Infiernos, rito que se aplicó a los seres humanos antes de morir. Pero como la muerte de Dido era antes de tiempo, Prosérpina, encargada del menester, tardaba en cumplirlo. De ahí que Juno mande a Iris a que lo haga.
_______***** El Orco era una divinidad de los Infiernos y de la muerte. La Estigia era uno de los ríos de la región de la muerte. Aquí el Orco estigio se identifica con Plutón, dios de los Infiernos.



Virgilio, Eneida IV 581-705
Traducción y notas de Javier de Echave-Sustaeta
Gredos. Primera edición, segunda reimpresión

viernes, 25 de septiembre de 2009

Con la lluvia y su sonido pálido de helechos; Juan Bañuelos


La ballena es sólo el sueño de un náufrago.
Mas yo no hablo del mar. Lo que sueña es la lluvia.

Con espasmo de esponja
La luz se apaga mientras llueve,
El tiempo duerme mientras llueve,
Mientras llueve la arena es un jinete
Sobre las huellas que dejamos;
Caen de pronto las ventanas
Con los rostros olvidados en ellas hace tiempo.
No hay sino el galope y la herradura
De la tierra mojada y las hormigas,
La boca triste de la tarde
Dejada como un guante sobre el hielo,
La cáscara sin nadie y lo que pasa
Sino la espuma y las escamas de esta tarde
Vestida ferozmente,
Cuando entre tumbo y tumbo se astillan las palabras
Y el deseo atropella los huesos y la carne.

Qué tenas me destrozo mientras llueve,
Porque lluevo tan hondo y sin remedio
Que no soy más que este edificio
Que se desploma a ratos
Cuando cierro los ojos
Y soy husmeado, sin piedad, por el hocico
De todo lo que llueve.

Y evidente es que llueve.
Y es la tarde. Y es lluvia.
Y llueve y llueve y llueve.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Volver al mar; José Emilio Pacheco


Sombra
de los alcantilados en el mar
o mancha ondulante
de pez, de ave o de piedra.
Nada se mueve bajo el sol si el mar
es la inmovilidad del movimiento.
Y desde que empezó a ser mar
y perdió su planeta
está insistiendo con las mismas olas
en su plegaria plañidera
que de repente se transforma en la furia,
el tormento de la tormenta.

Este pedazo del inmenso mar
para mí es todo el mar
o como si lo fuera,
porque siempre regreso a verlo.
Y cuando pienso en mar
dentro de mí se forma esta imagen.
Quiero decir:
lo llevo tan dentro
que su rumor es como el caudal de la sangre.
Y desde mi subjetividad deleznable,
el mar se habrá cambiado en desierto
cuando ya no esté aquí para mirarlo y amarlo;
cuando mi ceniza
arda por un instante en la espuma rota
y de nuevo sea
átomo de la nada o de la vida invencible
en la totalidad del océano unánime.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Basado en una historia real...


«…la definición de la novela como historia ficticia incurre en una contradicción en los términos, pues la verdad es esencial en la historia. Si toda historia es o debe ser verdadera, parece difícil que pueda haber historia ficticia.»

M. Menéndez Pelayo
Orígenes de la novela, IV,
Ed. Nacional, Madrid, 1962, pág. 206
___

No me es tan fácil aceptar lo anterior. Creo que primero tendríamos que dejar claro el concepto de historia. En castellano este término suele tener diversas acepciones. Así, nuestra lengua suele englobar en un único término lo que en otra, como en el inglés, se da en dos términos distintos: story y history. Sin embargo, Menéndez Pelayo desde un inicio parece negarle a la palabra historia la definición de “narración inventada”. Así como Menéndez Pelayo afirmó que la verdad es esencial en la historia nuestro idioma nos permite decir que esto no necesariamente es cierto, pues la invención también puede formar parte del concepto: dejémonos de historias y hablemos con la verdad.

La expresión historia ficticia bien podría servir entonces como un término diferenciador del de historia real.

Alan

domingo, 13 de septiembre de 2009

Los sonetos a Orfeo. Segunda parte, soneto IV; R. M. Rilke


Este es el animal que no existe. Aunque ellos
no lo sabían y, como fuera, lo amaron
—su manera de andar, su carácter, su cuello,
hasta la luz que había en su mirar tranquilo.

Es cierto, no existía. Pero porque lo amaban
se hizo un animal puro. Dejaron siempre espacio.
Y en el espacio claro y que quedaba libre
le fue fácil alzar la cabeza y apenas

necesitó existir. Nunca lo alimentaron
con grano, sólo con la posibilidad
de ser. Y ésta le dio fuerza al animal

que un cuerno le creció en plena frente. Un cuerno.
Se acercó a una doncella, rebosando blancura,
y existió en el espejo de plata al par que en ella.


Traducción de Jesús Munárriz

Salmo 137


Lamento de los cautivos en Babilonia

1 Junto a los ríos de Babilonia,
Allí nos sentábamos, y aun llorábamos,
Acordándonos de Sion.

2 Sobre los sauces en medio de ella
Colgamos nuestras arpas.

3 Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos,
Y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo:
Cantadnos algunos de los cánticos de Sion.

4 ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová
En tierra de extraños?

5 Si me olvidare de ti, oh Jerusalén,
Pierda mi diestra su destreza.

6 Mi lengua se pegue a mi paladar,
Si de ti no me acordare;
Si no enalteciere a Jerusalén
Como preferente asunto de mi alegría.

7 Oh Jehová, recuerda contra los hijos de Edom el día de Jerusalén,
Cuando decían: Arrasadla, arrasadla
Hasta los cimientos.

8 Hija de Babilonia la desolada,
Bienaventurado el que te diere el pago
De lo que tú nos hiciste.

9 Dichoso el que tomare y estrellare tus niños
Contra la peña.


RVR 1960

El reposo del fuego I, 8; José Emilio Pacheco


El mundo azota sus cadenas.
La tempestad desciende.
_________________Y yo sin nombre,
busco un rastro fugaz, quiero un vestigio,
algo que me recuerde, si he olvidado,
la secreta eficacia con que el polvo
devora el interior de los objetos.