miércoles, 9 de julio de 2008

¿Nacemos o nos volvemos malos?

Esta pregunta se ha formulado muchas veces, incluso en el ambiente teológico. Este cuestionamiento nos puede hacer tocar el tema del pecado original: ¿Nacemos siendo pecadores o nos volvemos pecadores en el transcurso de nuestra vida?

Algunos consideran que la doctrina del pecado original es absurda e injusta: ¿Qué culpa tenemos nosotros de lo que otros hayan cometido en el pasado? ¿por qué tenemos que ser condenado por algo que nosotros mismos no hemos cometido? Si esto es así, entonces el tema de la salvación y Dios mismo serían injustos.

En lo que a mí respecta, me he hecho también esas pregunta y he leído acerca del debate. En el fondo la respuesta a si nacemos o nos hacemos malos no me parece algo tan relevante, pues una cosa me parece cierta:

El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra…

Sea de uno u otro modo y sin importar cuál sea su origen, desde el inicio de la disyuntiva se da por sentado que el mal mora en nosotros. Sin que sea necesario utilizar la noción de pecado o las enseñanzas de una religión determinada creo lo siguiente:

Cualquier ser humano que sea honesto consigo mismo se da cuenta de que posee un determinado sistema y una jerarquía de valores y principios, una ley moral que debe obedecer. Ese mismo ser humano considera que el seguir esa ley moral es algo apropiado, justo, correcto, en resumen: bueno; el no cumplir esa ley es algo malo. Pero también se da cuenta de que no siempre le es posible seguir los principios en los que él mismo cree. Esos principios demandan que siempre sean cumplidos, y ese agobiante SIEMPRE no puede ser del todo satisfecho. Por lo tanto, llegamos a la conclusión de que en algún momento nos encontramos practicando el mal.

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