jueves, 13 de marzo de 2008

El encuentro de dos sabios

Una noche, durante una fiesta que Osroes daba en mi honor en la tienda imperial, advertí entre las mujeres y los pajes de largas pestañas a un hombre desnudo, descarnado, completamente inmóvil, cuyos enormes ojos parecían ignorar aquella confusión de platos cargados de carnes, de acróbatas y bailarinas. Le hablé valiéndome de mi intérprete; no se dignó contestar. Era un sabio. Pero sus discípulos se mostraban más locuaces; aquellos piadosos vagabundos venían de la India y su maesro pertenecía a la poderosa casta de los brahmanes. Supe que sus meditaciones lo llevaban a creer que todo el universo no es más que un tejido de ilusiones y errores; la austeridad, el renunciamiento, la muerte, eran para él la única manera de escapar al flujo cambiante de las cosas, por el cual sin embargo se había dejado arrastrar nuestro Heráclito, y de alcanzar más allá del mundo de los sentidos esa esfera de la pura divinidad, ese firmamento inmóvil y vacío con el cual también soñó Platón. A través de las torpezas de mis intérpretes presentía ciertas ideas que no habían sido enteramente extrañas a algunos de nuestros filósofos, pero que el sabio indio expresaba de manera más definitiva y desnuda. Aquel brahmán había llegado al estado en que nada, salvo su cuerpo, lo separaba del dios intangible, sin presencia y sin forma, al cual quería unirse: había decidido quemarse vivo al día siguiente. Osroes me invitó a presenciar la solemnidad. Alzóse una pira de maderas olorosas; el hombre se arrojó a ella y desapareció sin lanzar un grito. Sus discípulos no manifestaron la menor señal de dolor; para ellos no se trataba de una ceremonia fúnebre.

Aquella noche medité largamente. Estaba tendido en un tapiz de riquísima lana, protegido por una tienda adornada con espesas telas tornasoladas. Un paje me masajeaba los pies...

Memorias de Adriano
TELLUS STABILITA
Marguerite Yourcenar
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Este pasaje de las Memorias de Adriano me fascina por los contrastes: es exquisito. Un sabio de oriente y uno de occidente se encuentran. El Adriano imaginado por Yourcenar nunca se hubiera dado a sí mismo el título de sabio, tal vez tampoco el brahmán, pero sus seguidores sí lo veían como tal; no creo que se pueda decir lo mismo en el caso de Adriano. Sin embargo, a la luz de nuestro tiempo el Adriano descrito en las Memorias es un sabio moderno. No creo que nuestra forma de percibir la sabiduría haya cambiado mucho desde los tiempos de la Grecia antigua.

Estos dos hombres que aparecen en la narración ofrecen contrastes profundos:

Uno de ellos se encuentra comprometido con sus creencias y su concepción del universo hasta las últimas consecuencias, el otro no afirma que conoce una verdad absoluta, sino que siempre se muestra amable ante la cultura y el saber.

Mientras que a uno le es necesario renunciar a todo, incluso a su cuerpo, para fundirse con el absoluto el otro ve en el cuerpo una parte esencial del ser: a través de éste se adquiere conocimiento y se explora el mundo, no le son ajenos ni la austeridad ni el placer.

El brahmán muere desnudo arrojándose en la pira, el emperador se aleja a descansar con placer y meditar en la noche...

Alan

2 comentarios:

Rosigerante dijo...

Hola Alán !

Me había dado mucha flojera leer este libro,

aunque mantenía el propósito de hacerlo algún día...

Yo creo que ahora es el momento idóneo,
¿ dónde dices que puedo conseguir la edición de tus cuates ?

Gracias por tu mensaje allá...
err... nunca me han servido de mucho ese tipo de comentarios (hablo sobre el del espermatozoide) pero, meh !


Una cosita más :: podrías pasar tu último comentario sobre nuestra vieja discusión también a mi blog ?

Ya tengo casi lista la respuesta.
Gracias de nuevo.

Saludos :)

Alan Elías dijo...

Hola, Rosigerante.

De Las Mil y Una Noches Tienes la ventaja de vivir en el DF, así que me imagino que es cuestion de llamar a las librerías más importantes. Por internet aparece en librerías Gandhi:
http://www.gandhi.com.mx/index.cfm/id/Producto/dept/libros/pid/322580

Creo que esa es.

Si te da flojera leerlo, te entiendo. Más que libro es como una enciclopedia de relatos donde todos están hilados o contenidos en una estructura de cajas chinas. Con el paso del tiempo metieron un chorro de relatos que no venían en el libro original para que a fuerza hicieran mil y una noches.

No creo que se pueda leer de un jalón, lo que yo hago es irme en orden religiosamente, cuando la lectura me empalaga lo dejo, a veces por mucho tiempo, pero procuro marcar dónde me quedé.

Otra forma que se me ocurre es que si de plano hay partes que te aburren, de plano te las saltes (hay una que habla de puras historias de animales aburridísimas), y que vayas marcando en el índice lo que leíste y lo que no, por si luego quieres regresar.

A mí tampoco me gustan los comentarios de "todos somos especiales", así ser especial, ganador, bueno, etc, etc, etc, no tiene chiste.

Dios nos ama a todos.