martes, 5 de mayo de 2009

¿Hablar como se escribe?; Augusto Monterroso


__Dos problemas perturbadores: la sinceridad en literatura (no sé si se plantea en otras artes); escribir como se habla. ¿Ser sincero es decir la, toda, y nada más que la verdad? ¿El escritor no tiene derecho a acomodar las cosas de manera que produzcan el efecto que se propone, ese efecto de que trata Poe? ¿Es posible escribir como se habla? Me pregunto, más bien, ¿es posible todavía creer que esto es posible? El poeta Ernesto Cardenal sostiene en Nicaragua que los campesinos son capaces de hacer poesía con sólo escribìr lo que piensan o sienten, sin mayor elaboración; y tal vez sea así, y quizá hasta les pida que escriban como hablan; pero no cree que los campesinos «foneticen» sus poemas. Hay también lo inverso: hablar como se escribe, o como quien escribe. Más éste es otro problema. Iba a escribir «otra plaga», que anda suelta en los cocteles, pero no puedo ser tan sincero.
__Pensando en todo esto, estoy a punto de dejar la relectura de El amante de Lady Chatterley, novela que puede ser muy buena o muy mala, no soy crítico, pero la mayoría de cuyos diálogos no soporto, como no he podido soportar nunca la ingenuidad, por no decir la ignorancia en materia sexual de D. H. Lawrence. Pensar que hubo un tiempo en que esto se discutía y en que los novelistas imitaron estos diálogos y monólogos como modelos de verdad (algunos lo siguen haciendo) cuando Proust ya había hecho su trabajo y el propio Lawrence permitía que Lady Chatterley y su esposo hablaran así (traduzco):
__-»¿Has leído alguna vez a Proust? -le preguntó él.
__-Lo he intentado, pero me aburre.
__-Es un escritor realmente excepcional.
__Puede ser! Pero me aburre: ¡todo ese refinamiento! No tiene emociones, sólo un torrente de palabras acerca de las emociones. Estoy harta de las mentalidades que se dan importancia.
__-¿Preferirías animalidades que se dieran importancia? -¡quizás! Pero también podría descubrirse algo que no se diera tanta importancia.
__-Bueno, a mí me gusta la sutileza de Proust y su anarquía bien educada.
__-Eso lo deja a uno como muerto.»
__En lo que evidentemente hay sinceridad por lo que se refiere a Lawrence (pues él es esos dos) al reflejar sin quererlo sus dudas e inseguridad ante el gigante Proust que se les venía encima a todos; pero sus dos personajes no hablan como se habla sino como Lawrence escribía.
__Así pues que en Proust no hay emociones y su anarquía bien educada hace que uno se sienta como muerto.
Páginas 45-46 de esta edición digital

6 comentarios:

Rosigerante dijo...

Con esto de la influenza, me dio por ver V for Vendetta y, al caso no vienen mi comentarios sobre la película, pero sí una línea que me recordó esta entrada.

No me la sé de memoria, pero dice que las mentiras sirven para hacer arte, pero que el arte difícilmente puede mentir.

Algo así.

Alan Elías dijo...

Interesante.

Me quiero imaginar cuál hubiera sido la reacción de Platón ante tal comentario si alguien se lo hubiera planteado:

Él, que creía que el arte era una mentira de mentiras y que al alejarse el arte en doble grado de la verdad, debería ser desechado de la ciudad ideal.

Rosigerante dijo...

Tal vez me hubiera desterrado de sus pláticas. Quizá lo hubiera convencido de lo contrario, o viceversa. En una de esas, andábamos llegando a un acuerdo...

¿Tú qué piensas? Yo creo que el arte puede tratar de mentir... no, de engañar (ésa sería la palabra) en tanto que puede ser un arma política (ver cómo utilizó Hitler el cine, por ejemplo). Pero, por otro lado, puede servir para profundizar o explicar otra parte de la realidad, no la del discurso hegemónico, la otra.

(Se me ocurre, por ejemplo, la película Novecento de Bertolucci).

Supongo que el arte puede hacer las dos cosas. Como sea, indiscutible resulta que es un arma poderosa.

Alan Elías dijo...

Hmm… hablando de Platón y con eso de que “engañar” y “mentir” no son lo mismo me dieron ganas de hacer como él en uno de sus diálogos: llamar a Pródico de Ceos para que nos aclare el sentido de ambas palabras en medio de una discusión.

Pródico nos diría algo así:

«El éxito de una mentira se manifiesta en el engaño que produce, pero extraño sería decir lo contrario: el engaño no produce mentira, pues la mentira es anterior al engaño.

Además, no es lo mismo decir: “me mintieron” (aquí puede ser que la persona haya o no haya creído en algo falso) que “me engañaron” (donde se pone de manifiesto que la persona definitivamente creyó en algo falso)».

Y yo diría:

«Gracias, Pródico. Creo que ya estoy en condiciones de entender a Rosigerante.

Por lo visto, Rosigerante y Platón están de acuerdo en que el arte puede ser una fuente de mentiras, y por lo tanto, de posibles engaños.

Rosigerante también está de acuerdo en que el arte puede ser utilizado para acercar a la verdad, como Platón lo hizo cuando narraba sus mitos filosóficos. Platón puso en labios de Sócrates que prohibiría todo tipo de arte en la ciudad ideal, salvo aquél que atrajera a los hombres hacia el bien. Desterraba la poesía, pero aceptaba que era benéfico que se escribieran himnos que enseñaran la virtud y la verdadera esencia de los dioses: que ellos no mentían ni tomaban formas animales para fornicar con quien les placiera.

Ambos están de acuerdo en que el arte es un arma poderosa. Tal vez Platón tuvo miedo de ello y prefirió delimitarlo y expelerlo.

Yo todavía sigo pensando al respecto…»

Rosigerante dijo...

¡Eres nuestro mejor traductor!

Alan Elías dijo...

Ahh... gracias.