domingo, 28 de septiembre de 2008

Los sonetos a Orfeo. Primera parte, soneto IX; R. M. Rilke

Sólo el que cuando estaba entre las sombras
también alzó la lira
puede intuitivamente celebrar
la alabanza infinita.

Sólo el que adormidera de los muertos
con ellos ha comido,
ése no volverá a perder jamás
el más leve sonido.

Aunque se dezvanezca en el estanque
a menudo el reflejo:
tú, conoce la imagen.

Sólo tras la llegada al reino doble
se v0lverán eternas
y apacibles las voces.

Traducción de Jesús Munárriz
poesía Hiperión

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