martes, 12 de agosto de 2008

Altazor y el destino del cristianismo

Abrí los ojos en el siglo
En que moría el cristianismo
Retorcido en su cruz agonizante
Ya va a dar el último suspiro
¿Y mañana qué pondremos en el sitio vacío?
Pondremos un alba o un crepúsculo
¿Y hay que poner algo acaso?
La corona de espinas
Chorreando sus últimas estrellas se marchita
Morirá el cristianismo que no ha resuelto ningún problema
Que sólo ha enseñado plegarias muertas
Muere después de dos mil años de existencia
Un cañoneo enorme pone punto final a la era cristiana
El Cristo quiere morir acompañado de millones de almas
Hundirse con sus templos
Y atravesar la muerte con un cortejo inmenso
Mil aeroplanos saludan la nueva era
Ellos son los oráculos y las banderas

Altazor
Canto I, vv. 91-108
Vicente Huidobro
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Me interesó este fragmento de Altazor porque toca uno de los temas que investigo ahora. Llegó a mis manos un libro llamado Après la mort de Dieu, que puede ser traducido como Después de la muerte de Dios, de André Gounelle. En él, el autor analiza las nuevas formas de espiritualidad hacia las que se puede encaminar una persona que ha dejado atrás la idea del dios occidental (léase: del cristianismo).

Pienso en estos versos de Huidobro:
Ya va a dar el último suspiro
¿Y mañana qué pondremos en el sitio vacío?
Pondremos un alba o un crepúsculo
¿Y hay que poner algo acaso?

La respuesta que me viene a la mente es: Si hacemos a un lado el cristianismo ¡por supuesto que tendríamos que poner algo en ese sitio vacío! Esto es independiente de nuestra voluntad y de si lo que rechazamos es el cristianismo o cualquier otra religión. Todo ser humano, por el simple hecho de serlo, tiene la necesidad de considerar a algo como un dios en su vida, algo a lo que se debe seguir por sobre todas las cosas, como una preocupación última (tomé este término prestado de Paul Tillich, aunque puede que no lo utilice igual que él). Cualquier cosa puede ser un dios: un ser que consideremos superior e inteligente (Zeus, Odín, Jehová…), un valor (el amor, el dinero, la justicia…), una idea o una filosofía (sí, el ateísmo también es un dios si lo creemos y justificamos con todo muestro corazón e intelecto; el hedonismo; el agnosticismo, etc.). El hombre no puede huir de los dioses, porque sean lo que sean, aparecerán en multitud de formas para satisfacer el anhelo de buscar seguir algo que nos trascienda.

Ahora, respecto al rol del cristianismo, es comprensible que muchos crean que desaparecerá debido a que la gente lo ha hallado deficiente en muchos aspectos, los que no creo que sea necesario nombrar aquí porque se intuyen. Sin embargo, esto puede traer a la vista otro modo de considerar las cosas: el cristianismo ha sabido superar los problemas que enfrenta, aun si pierde el 99.99% de sus fieles, a lo largo de su historia. Precisamente, el remanente es el que se encarga de conservar la esencia del cristianismo. No era lo mismo llamarse cristiano durante los tiempos de la persecución romana que cuando la religión se hizo oficial en el imperio. No es tampoco lo mismo decirse cristiano en la God’s blessed America que en Arabia Saudita. Es aun más difícil identificar a un cristiano en un hemisferio y tiempo en el que la mayoría de la gente dice que lo es. Si se mira el cristianismo considerando a todos los que se dicen cristianos, ¡por supuesto que se podría decir que está en decadencia y morirá!

Creo que una religión se debería de juzgar no tanto por lo externo de la conducta global observada en sus fieles (que es un buen indicio de lo que hay en ella, pero no es el todo ni el centro) sino más bien en su doctrina (que es lo que esa religión sería, propiamente dicha, no tanto el cómo los fieles lleven a la práctica la doctrina). Lo que seguiría en importancia a la doctrina sería el ver qué ocurre en las personas que cumplen los preceptos de su creencia, pues serían los seguidores y representantes reales de dicha religión; aunque esto sería difícil y engañoso, pues nunca podríamos saber con certeza las motivaciones íntimas de una persona. Por eso es que se sugiere remitirse principalmente a la esencia de la doctrina, aun si nadie la sigue.

Si el cristianismo ha sabido salir avante de los problemas que ha enfrentado, sacando algo bueno de cada una de esas experiencias, ¿le será posible evitar el cumplimiento de la profecía de Altazor?

Alan

6 comentarios:

Rosigerante dijo...

No creo que tener ideales, vivir de acuerdo a una filosofía generada a partir de la experiencia propia sea equivalente a tener un dios.

Me has puesto a pensar y aún no hallo respuesta que me complazca :: "...satisfacer el anhelo de buscar seguir algo que nos trascienda."

¿Sabes? Este es mi problema con las religiones, ese creer que debemos apoyarnos en algo más grande que uno para enfrentar la vida.

Alan Elías dijo...

Es cuestión de semántica. Para el teólogo Paul Tillich, por ejemplo, la esencia de una filosofía puede ocupar el lugar de Dios. Cualquier cosa puede hacerlo mientras sea la preocupación última de tu vida, tu órgano rector o lo que te dicte cómo actuar. Tú misma puedes serlo. Si consideras que no crees en nada y estás comprometida con esa ida, eso también puede ser tu dios.

No necesariamente tiene que ser algo más grande, trascendente o lo que comúnmente asociamos con lo divino. Cada persona puede tener una idea de lo que divinidad significa, puede que esa idea no encaje con lo que casi todos ven como un dios y por eso crea que no tiene dios, pero de que está ahí, está, según Tillich. Es existencial y nadie puede escapar a eso por el simple hecho de ser humano.

Rosigerante dijo...

Por ser humanos entonces es a fuerza eso de tener "dios" que, volviendo a semántica, ¿por qué debe llamarse dios y no todo lo que había mencionado antes (ideal, filosofía, etc.)?

Alan Elías dijo...

Sí, por eso, mira: todos tenemos un ideal, una filosofía, una idea, algo trascendente, algo que consideramos absoluto, que nos mueve por sobre todas las cosas, que nos preocupa, que es nuestra razón de ser, nuestra preocupación última: la nada, el marxismo, el comunismo, Pelé, Maradona, el relativismo (sí, también es absoluto cuando decimos que todo es relativo), el agnosticismo, el sexo, la apariencia, la sabiduría, el alma, la filosofía, tratar de conquistar el mundo, el Gran Arquitecto, Satanás, la duda, el bien, la felicidad, José Luis de Jesús Miranda, za za, el Necaxa, za za, Heaven’s Gate, za za, los deportes, za za, nosotros mismos, za za, el poder, za za, el amor, za za, la Trifuerza, za za, la princesa, za za, la victoria, za za, el sionismo, za za, la razón, za za za…

Como ves, es semántica. Se le da el nombre de dios por mera costumbre, por pura convención, porque por lo general quienes han ocupan esos puestos en historia de la humanidad han sido deidades en el sentido clásico de la palabra “dios” (Odín, Zeus, Osiris, Brahma, Jehová, Tloque Nahuaque) y sus preceptos. Pero puede ser cualquier cosa, si suistituimos la palabra Dios por “za za” vemos que no habría mucho problema. Lo que Tillich quiere decir es que simplemente por ser humanos temos un “za za” que puede ser CUALQUIER clase de cosa y en cualquier clase de sentido. Es como decir “coco”: “mi coco son las matemáticas, la oscuridad, las arañas, etc.” Y que luego alguien dijera: ¿pero por qué tiene que ser “coco”? Se le puede llamar como sea, pero la idea está.

Lo que importa es ver si comulgas o no con la idea de que todos los seres humanos tenemos un "za za".

Rosigerante dijo...

Sí, sí comulgo con la idea de que todos tenemos un "za za"...


Ya veo. Entiendo. Sólo que soy muy necia y yo digo que llamarle "mi filosofía de vida" o "mis ideales" o "mi preocupación última" será más acertado.

O quizá no es necedad, tal vez es simplemente que el concepto convencional de "dios" del que hablas lo tengo tan arraigado o tan quéséyo que no me gusta asignarlo a este tipo de cuestiones. Por semántica.


En otros asuntos, morí de risa en el primer párrafo, ¿cantabas?

Alan Elías dijo...

Sí, deben ser problemas con la palabra "dios".

Ah, respecto a lo otro, no recuerdo, igual y sí... ¿Tiene ritmo?