sábado, 9 de agosto de 2008

Bello símil homérico de la sangre como tintura

He aquí un fragmento de la Ilíada que amo por la belleza de la comparación que utiliza Homero. No es tan común encontrar fragmentos así en un poema épico, pues el poeta tiene que preocuparse también por trabajar en la historia que va narrando a lo largo de todo el poema, y no simplemente en el factor estético, lo que puede ser más fácil en un poema breve y lírico.

El contexto del pasaje es el siguente:

Después de que Paris de Troya y Menelao, hermano del líder de los aqueos, Agamenón, acuerdan tener un combate singular para decidir el resultado de la guerra, Afrodita salva a Paris cuando éste estuvo a punto de ser muerto y lo transporta a un sitio seguro sin que los demás se den cuenta.


Zeus hace que Atenea descienda a la tierra a incitar a uno de los arqueros troyanos para que mate a Menelao con una flecha. Hacer esto implicaba que se violara el juramento del combate singular, pues los soldados de ambos bandos habían acordado que no intervendrían en la pelea. El arquero es convencido y dispara su flecha, que hubiera sido letal si Atenea misma no hubiera hecho que se desviara e hiriera a Menelao en un lado de su cinturón, como lo cuenta el poema:


Y tal como sucede
cuando una mujer meonia o caria
ha teñido de púrpura una pieza
de marfil para hacerla ser quijera
de tiro de caballos,
y en la despensa yace,
y aunque súplica hicieron
de llevársela muchos caballeros,
es para el rey regalo reservado,
para el caballo adorno y juntamente
motivo de honra para el jinete,
tales se te tiñeron, Menelao,
con la sangre tus bien crecidos muslos
y tus piernas y, de ellas por debajo,
tus hermosos tobillos.


La Ilíada, de Homero
Canto IV, vv. ~140~150

Traducción de Antonio López Eire

Cátedra. Letras universales.

Duodécima edición

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