martes, 26 de agosto de 2008

El lugar de la quietud eterna

Que otro se inquiete por su sepultura
Y edifique suntuosos monumentos a su carroña.
Yo no me preocupo de eso: mi tumba, mi roca y mi féretro,
En el que reposaré eternamente, han de ser el corazón de Jesús.

El peregrino querúbico I, 2
Angelus Silesius
Edición de Lluís Duch Álvarez
Ediciones Siruela, S. A., 2005
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De aquí en adelante, cualquier texto que aparezca de El peregrino querúbico será tomado de esta misma edición de Siruela a menos que se indique lo contrario. Simplemente se hará referencia a la obra por su título.

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