lunes, 16 de febrero de 2009

Acaso una palabra, 2, 3; Rubén Bonifaz Nuño


2

No sé. Todas las noches te he soñado;
por eso sufriré todos los días.
No lo puedo evitar; tú lo decías:
no olvida el corazón cuando se ha dado.

En el aire se mueve un desolado
olor de tiempo ausente. Las vacías
horas se van si lama. ¿Lo sentías
al decirlo? No sé. Pero ha pasado.

Duermo: pesa mi amor sobre la palma
de tus manos, seguro como nave
por la correinte en paz en la nivela.

O la angustia de golpe me desarma;
barco sin playa soy, puerta sin nave,
soledad sin espejo: estoy en vela.


3

Te lo habrá dicho ya: que nadie muere
de ausencia, que se olvida, que un lamento
se repara con otro, y es el viento
o la raya en el agua que se hiere.

Y esta sed miserable que no quiere
perderte, acabará; y el pensamiento
por tanto tiempo tuyo, en un momento;
aunque hoy se aferre y grite y desespere.

Si todo se ha de ir, ¿por qué llegaste?
¿Por qué, si no me quieres, me has querido?
¿Ma has curado tan sólo para herirme?

Así fue; te tuviste y me dejaste;
nada me quedará: te he recibido
no más que para verte y despedirme.

2 comentarios:

JUAN JES dijo...

Paisano de Jorge Cuesta y de la Paloma Negra de José Alfredo!

Rosigerante dijo...

Sí, la discusion de siempre. Pero así es esto. Y eso es bueno... Aunque duela.