miércoles, 14 de enero de 2009

Cirqueros; Hugo Hiriart

1
¿Qué admiras en el cirquero? La destreza.
__¿Qué admiras en el pianista?, ¿también la destreza? Sí, pero no sólo eso, ahí está el juego de las ideas musicales, la claridad con que las entiende y la precisión de las emociones que trasmite, entre otras cosas.
__¿Qué admiras en el poeta? Muchas cosas, también la destreza, pero la destreza suele estar escondida y al servicio de habilidades más urgentes e imperiosas.
__Por eso sólo en el cirquero la destreza es químicamente pura. Inocente, podríamos decir, con un toque infantil, y por esto, al fin plenamente visible.

2
El pecado original del deporte, su mancha, es enfrentar a unos atletas con otros, esto es, la competencia, el combate ritualizado. En el circo no hay competencia ninguna, nadie gana, nadie pierde, no hay vanagloriosos. El único enfrentamiento es el del artista con él mismo: llegar al límite de sus posibilidades de habilidad y destreza, en soliloquio, podríamos decir. Y también por esto el cirquero es puro, cristalino.

3
Elevar una torre humana, más y más alta, la colaboración tiene que ser estrecha, pero qué metáfora tan salvaje del orden social, ya observó Simone Weil que ``el reino de lo social pertenece al diablo'', pero allá van los atletas, con permiso, con permiso, encaramándose, todos sufren, unos por una razón, el peso, otros por otra, el riesgo de desplome en caída libre. Y al fin ahí está, la Babel de los atletas. ¿Cómo coronarla? Con una llanta usada, es perfecto, el golpe poético es brillante ¿a quién se le ocurre una cosa así? Pocas cosas pueden ser más prosaicas y faltas de gracia que las llantas, un candidato es el tanque de gas, otro el reloj digital y negro de plástico.
__Una torre humana, ¿quién hace algo así?, si no fuera porque es tan humano responder a toda clase de desafíos, podrías sospechar que son locos disfrazados coordinados por milagro en una construcción por fuerza efímera.

De: Circo callejero
Edicionnes Era e INBA CONACULTA, 2002

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